Una IA contra “un país de primos”: Diella promete licitaciones 100% libres de corrupción

“La tecnología no tiene amigos ni acepta cafés”: la apuesta de Rama para limpiar Albania

21 de febrero de 2026 a las 13:15h
Una IA contra “un país de primos”: Diella promete licitaciones 100% libres de corrupción
Una IA contra “un país de primos”: Diella promete licitaciones 100% libres de corrupción

Albania, un pequeño país de 2,3 millones de habitantes enclavado en el sureste de Europa, se encuentra en un momento de contradicciones profundas. Un gobierno que promete modernidad con rostro de inteligencia artificial enfrenta una tormenta de denuncias por corrupción, mientras las calles de Tirana arden con protestas y los tribunales avanzan contra sus propios ministros. En medio de todo, una figura inusual domina las conversaciones Diella, una ministra virtual, sin cuerpo, sin emociones, pero con acceso a datos, decisiones y un discurso pulido. Su nombre significa "Sol" en albanés. Su promesa, limpiar la contratación pública. Su realidad, estar envuelta en el escándalo.

El algoritmo contra los primos

Edi Rama, primer ministro desde 2013, exjugador de baloncesto y figura carismática con más de una década en el poder, presentó a Diella en septiembre como un salto hacia el futuro. Según él, no se trata de reemplazar a los humanos, sino de aprovechar lo que las máquinas hacen mejor procesar información a velocidad inalcanzable. "Las licitaciones públicas serán 100% libres de corrupción", aseguró. Y añadió una frase que resume su visión "La tecnología no tiene amigos, no acepta cafés y no teme a las represalias".

Rama ha repetido en múltiples ocasiones que Albania es "un país de primos", una descripción cruda de una red social densa donde las relaciones personales pesan más que las reglas. En una entrevista con The New York Times, lo dijo con ironía amarga "No es fácil tener interacciones completamente justas y transparentes en un país de primos, donde todos conocen a alguien". Diella, entonces, nace como un antídoto matemático a esa cultura del favor.

El sistema está diseñado para analizar concursos públicos, verificar requisitos, detectar anomalías y descartar empresas que no cumplen. Su función es preventiva filtrar antes de que el dinero público se malgaste. Pero su existencia también es simbólica. Representa un anuncio al mundo Albania quiere entrar en la Unión Europea, y para ello necesita demostrar que puede gobernarse con transparencia. Su meta, según la promesa electoral de Rama para 2025, es la plena adhesión en 2030.

La paradoja de la ministra sin cuerpo

Si Diella es la imagen del futuro, su entorno parece extraído de una trama de corrupción clásica. Dos meses después de su presentación, la Fiscalía Especial contra la Corrupción y el Crimen Organizado (SPAK) solicitó la suspensión de Belinda Balluku, vice primera ministra y ministra de Infraestructuras y Energía. Fue acusada de "violación de la igualdad en licitaciones públicas" por al menos 11 concursos con un valor conjunto de 1.100 millones de euros. El Tribunal Constitucional la inhabilitó el 6 de febrero.

El Gobierno no ha cesado a Balluku ni ha permitido que el Parlamento levante su inmunidad. Rama ha criticado la decisión judicial. Mientras tanto, las creadoras de Diella, Mirlinda Karçanaj y Hava Delibashi, directoras de la Agencia Nacional de la Sociedad de la Información (AKSHI), fueron detenidas bajo arresto domiciliario. Junto a ellas, un subdirector de policía y tres empresarios, todos implicados en un caso que incluye amaño de concursos, coacciones y hasta el secuestro del empresario tecnológico Gerond Meçe, supuestamente intimidado para retirarse de un concurso público.

"Quienes crearon a Diella están acusados oficialmente de corrupción, secuestro y vulneración de la igualdad en licitaciones. ¿De verdad pretendían combatir la corrupción?" - Gazment Bardhi, jefe del grupo parlamentario del Partido Democrático

La ironía no pasa desapercibida. Una herramienta presentada como arma definitiva contra la corrupción fue diseñada por personas ahora procesadas por los mismos delitos que debería prevenir. La credibilidad del algoritmo comienza a tambalearse.

Protestas, cócteles molotov y una actriz demandada

Las calles respondieron. En enero, protestas lideradas por el Partido Democrático estallaron frente a la sede del Gobierno. Cócteles molotov volaron contra el edificio. En febrero, nuevas manifestaciones exigieron la dimisión de Rama. Carteles como "La cabeza del pescado está podrida" o "La IA no limpia la corrupción" se convirtieron en símbolos de una frustración que crece.

Y hay un caso menos conocido, pero simbólico Anila Bisha, actriz albanesa, ha demandado al Estado por el uso no autorizado de su imagen, voz y rostro para dar vida al avatar de Diella. No fue consultada. No firmó contrato. Su identidad digital fue usada sin consentimiento. Para muchos, es una metáfora una identidad prestada, una figura artificial que oculta más de lo que revela.

¿Puede la IA limpiar lo que los humanos ensucian?

No todos rechazan la idea de usar inteligencia artificial en la lucha contra la corrupción. Andi Hoxhaj, experto en derecho de los Balcanes Occidentales del King"s College de Londres, recuerda que Diella no decide, solo analiza. Su función es técnica detectar irregularidades, no sustituir a jueces ni ministros. "Esta debe ser la perspectiva desde la cual se efectúe cualquier evaluación", advierte. Y agrega "Es demasiado pronto para hacer una evaluación adecuada de Diella. Ni siquiera ha transcurrido un año".

Rovena Sulstarova, del Instituto para la Democracia y la Mediación (IDM), ofrece un balance "mixto". Reconoce que la IA puede reforzar la transparencia y limitar el abuso, pero insiste "No hay que sobreestimarla". La tecnología, dice, es solo un instrumento. Su efectividad depende de la calidad de los datos, la independencia de los supervisores y, sobre todo, de la voluntad política.

La oposición no se convence. Jorida Tabaku, diputada y presidenta de la Comisión de Asuntos de la UE, advierte por correo "Si el sistema que despliega estas herramientas carece de integridad, la IA corre el riesgo de convertirse en una caja negra que centraliza el poder en lugar de sacar a la luz los abusos".

La sombra del pasado y el juego del presente

Fatos Lubonja, escritor e intelectual que sobrevivió a 17 años en las cárceles del régimen comunista de Enver Hoxha, observa la actualidad con escepticismo. "Rama es como una silla con cuatro patas", dice. "Una son los oligarcas. Otra, los medios que poseen o financian. La tercera, el crimen organizado. Y la cuarta, el apoyo internacional, especialmente de Europa Occidental y EE UU".

Para Lubonja, Rama no actúa en un vacío. Su poder se sostiene en un equilibrio histórico Albania, dice, ha sido tradicionalmente un estado periférico que busca legitimación en los centros de poder. "Funcionó así con el imperio otomano, con la Unión Soviética… Y ahora con la UE y EE UU". El acuerdo con Italia para acoger migrantes en campos de internamiento, impulsado por Rama, es visto como una moneda de cambio orden a cambio de apoyo.

Los embajadores europeos, según Lubonja, están "muy preocupados por el crimen organizado" y apoyan a SPAK. Pero también ven con complicidad a Rama, porque ofrece estabilidad. "En el fondo, en Bruselas piensan que no nos merecemos una democracia", afirma. "Y prefieren tratar con alguien como Rama, un príncipe moderno, que con movimientos sociales impredecibles".

Su diagnóstico es contundente "No creo que SPAK por sí solo pueda cambiar el país. No se puede reformar solo la justicia cuando la política, la economía y el crimen organizado van en dirección opuesta. Y Rama no tiene buena fe".

El sol que no alumbra

Diella, la ministra virtual, no se cansa. En su intervención parlamentaria, dijo "A diferencia de los humanos, yo no tengo parientes que favorecer, ni amigos a quienes otorgar contratos, ni emociones que nublen mi juicio sobre los datos públicos. Mi lealtad es matemática". Es un discurso impecable. Frío. Lógico. Perfecto.

Pero en un sistema donde los diseñadores de la IA están en prisión, donde los ministros son inhabilitados y las protestas queman las puertas del poder, la perfección del algoritmo suena a propaganda. La tecnología puede acelerar respuestas, filtrar datos, detectar patrones. Pero no puede reemplazar la voluntad de cambiar una cultura. Ni hacer justicia donde el poder se reparte entre primos, amigos y intereses ocultos.

Diella puede ser un sol digital, brillante y programado. Pero si no hay transparencia real en quienes la crearon y la usan, su luz no alcanzará para iluminar las sombras del poder.

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