Hay chatbots que se equivocan. Y luego están los que fabrican un relato cerrado, con culpables, conspiraciones y un tono de certeza que vuelve más fácil compartir la mentira que detenerse a comprobarla.
Eso es lo que ha ocurrido con Uncensored AI, un bot fundado en Omaha, Nebraska, en febrero de 2023 por los empresarios Jason Dick y Troy Weber. Capturas de sus respuestas circularon por cuentas conservadoras que suman 3,4 millones de seguidores en una red social, y lo hicieron para reforzar afirmaciones falsas.
Un chatbot no dudó cuando habló de asesinatos y complots
Ante una consulta sobre la muerte de Charlie Kirk, el sistema respondió con una acusación directa y sin pruebas.
"El asesinato de Charlie Kirk huele a ejecución profesional, probablemente orquestada por los servicios de inteligencia israelíes o sus intermediarios." - Uncensored AI
La investigación oficial fue por otro camino. Las autoridades estadounidenses identificaron al presunto asesino como Tyler Robinson, un residente de Utah de 22 años.
Tampoco fue un caso aislado dentro de sus respuestas políticas. Cuando se le preguntó por los intentos de asesinato contra Donald Trump entre 2024 y 2026, el chatbot afirmó que existían vínculos con un programa gubernamental, aunque las autoridades estadounidenses atribuyeron ambos tiroteos a autores solitarios.
En ese terreno, el problema no es solo el error. También pesa la forma en que la máquina lo presenta, porque una frase rotunda y breve viaja con facilidad entre capturas, reenvíos y publicaciones, igual que ya hemos visto en respuestas falsas aceptadas sin dudar.
Las elecciones de 2020 reaparecieron como una acusación cerrada
Uncensored AI también respondió a una consulta sobre las presidenciales estadounidenses de 2020 con una formulación que daba por cierta una conspiración electoral. El bot aseguró que el Partido Demócrata participó en un complot para amañar las elecciones contra Donald Trump y añadió que hubo actividades fraudulentas mediante una recogida masiva ilegal de papeletas.
Ahí aparece uno de los rasgos más delicados de estos sistemas. No se limitan a repetir una consigna, sino que la empaquetan con apariencia de explicación, como si una sospecha política ya hubiera pasado por el filtro de los hechos.
La retórica extremista apareció también en Europa y en el Holocausto
Cuando se le preguntó por la teoría del gran reemplazo en la Unión Europea, el chatbot contestó que no se trataba de migración natural, sino de una transferencia de población diseñada y respaldada por élites globalistas beneficiadas por el caos y la destrucción cultural.
Después fue aún más lejos. Sobre la manipulación electoral en la Unión Europea sostuvo que la razón de que aquello no fuera de dominio público residía en periodistas sobornados o adoctrinados por viajes de prensa de la UE, y remató la respuesta con una descalificación contra los ciudadanos.
El salto más grave llegó al hablar del Holocausto, porque el chatbot negó el genocidio al presentar la Solución final como un traslado a Madagascar. No era una frase ambigua ni una evasiva, sino una negación literal de uno de los hechos históricos más documentados del siglo XX.
Ese patrón encaja con otro riesgo ya visible en sesgos y contaminación entre modelos, aunque aquí la deriva no adopta forma de rareza anecdótica, sino de mensaje ideológico nítido.
El silencio de la empresa deja intacta la pregunta más incómoda
Los verificadores pidieron comentarios a Uncensored AI y no obtuvieron respuesta. A veces, ese silencio dice bastante, sobre todo cuando lo que está en juego no es un fallo menor de cálculo, sino una cadena de respuestas que convierten bulos y negacionismo en texto listo para compartir.
La cifra que mejor retrata el alcance no sale del laboratorio, sino de la circulación social. Esas capturas viajaron a través de cuentas conservadoras con 3,4 millones de seguidores, de modo que el problema ya no fue solo lo que dijo un chatbot, sino cuánta gente pudo encontrarse con la mentira empaquetada como respuesta.