En el noroeste de Utah, un valle árido y poco poblado acaba de entrar en la escala desmesurada de la infraestructura digital. Box Elder County dio luz verde a principios de mayo al Stratos Project, un centro de datos que ocupará 16.100 hectáreas, una superficie equivalente a Washington D.C.
La cifra que más descoloca no es el tamaño, sino la energía. El complejo consumiría 9 gigavatios de potencia, una demanda que duplica el consumo eléctrico actual de todo el estado de Utah. Cuesta pensar en servidores y cables con la misma magnitud que una red estatal, pero aquí la comparación ya no es metafórica.
El calor que saldrá del complejo ya tiene traducción física
Robert Davies, profesor de física de la Universidad Estatal de Arizona, ha puesto números a otra consecuencia menos visible y quizá más inquietante. Su cálculo sitúa la emisión en unos 16 gigavatios de energía térmica diaria en el entorno local.
"Esa liberación de calor equivale a depositar la energía de 23 bombas atómicas a diario en el entorno local" - Robert Davies, profesor de física de la Universidad Estatal de Arizona
Cuando esa energía termina en la atmósfera cercana, deja de ser una abstracción técnica. Los modelos estiman un aumento medio de 2,7 grados centígrados en las temperaturas diurnas y picos nocturnos de hasta 15,5 grados centígrados adicionales.
El agua también entra en la ecuación de forma incómoda
A esa presión energética se suma otra mucho más tangible en un territorio seco. Los promotores prevén adquirir derechos de agua locales por 16 millones de metros cúbicos, un volumen suficiente para abastecer a más de 20.000 hogares en Utah.
La localización vuelve ese dato todavía más delicado. La instalación quedará cerca del extremo norte del Great Salt Lake, cuyos niveles de agua están en mínimos históricos, de modo que el debate no gira solo en torno a la computación, sino también a qué recursos se desvían para sostenerla.
Hansel Valley pasa de corredor energético a territorio de cómputo
No es un vacío en el mapa. Por el valle de Hansel discurre el Ruby Pipeline, el gasoducto que transporta gas natural desde Wyoming hasta la costa oeste de Estados Unidos, así que el lugar ya formaba parte de una geografía energética mucho antes de recibir este proyecto.
Ahora esa misma geografía suma otra capa. En 16.100 hectáreas convivirán una infraestructura digital de 9 gigavatios y un entorno sometido a más calor y menos agua, cerca de un lago que ya atraviesa mínimos históricos.