¿Qué pasa cuando una empresa se convierte en tan grande que su propia aplicación deja de ser un espacio compartido y empieza a parecer un territorio privado? Este es exactamente el tipo de pregunta que Bruselas se está haciendo en relación con Meta y WhatsApp. Y no es una cuestión menor. Detrás de este enfrentamiento entre reguladores y gigantes tecnológicos late una batalla por el futuro de la inteligencia artificial en nuestras vidas diarias.
El cierre de una puerta
El 15 de octubre de 2025, Meta anunció un cambio aparentemente técnico en sus condiciones de uso para WhatsApp Business. Pero lo que parecía un ajuste administrativo tenía una consecuencia directa y profunda se prohibió el uso de asistentes de inteligencia artificial de terceros en la plataforma. Desde el 15 de enero de 2026, el único asistente de IA permitido en la app es Meta AI. Ni ChatGPT, ni otros competidores, pueden integrarse. WhatsApp, con más de 2.000 millones de usuarios en todo el mundo, dejó de ser un ecosistema abierto para convertirse en un jardín cerrado.
Este movimiento no pasó desapercibido. La Comisión Europea reaccionó con rapidez. En diciembre, inició una investigación. Y ahora, tras meses de análisis, ha emitido un aviso claro considera que Meta podría estar violando las normas antimonopolio de la Unión Europea. No se trata solo de una disputa técnica, sino de una posible estrategia para eliminar la competencia aprovechando una posición dominante.
Una ventaja que puede no ser justa
WhatsApp es más que una app. En muchos países, es el principal canal de comunicación personal, familiar, comercial e incluso institucional. Controlar quién puede operar dentro de ese entorno significa controlar el acceso a millones de conversaciones, servicios y oportunidades. Al bloquear a otros chatbots de IA, Meta no solo favorece su propio asistente; podría estar creando barreras casi insalvables para empresas más pequeñas que quieren innovar en este campo.
La Comisión Europea entiende que existe un riesgo real si no se actúa, la competencia podría quedar marginada de forma irreversible. Peor aún, se podría consolidar un monopolio en el incipiente pero estratégico mercado de asistentes de IA de uso general. Y eso, en términos regulatorios, no es solo preocupante es urgente.
"La inteligencia artificial está aportando innovaciones increíbles a los consumidores, y una de ellas es el mercado emergente de asistentes de IA" - Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva para la Transición Limpia, Justa y Competitiva de la UE
La carrera por la IA y el control del acceso
El interés de los gobiernos en este asunto no es caprichoso. La inteligencia artificial está transformando cómo trabajamos, compramos, aprendemos e incluso nos relacionamos. Los asistentes de IA en mensajería podrían convertirse en el principal punto de contacto entre las personas y los servicios digitales. Quien controle ese acceso, controla una parte fundamental del futuro digital.
Pero, como advierte la vicepresidenta Ribera, no se trata de frenar la innovación. Al contrario. Se trata de garantizar que esa innovación no sea monopolizada por unos pocos. En sus palabras: "Debemos proteger la competencia efectiva en este dinámico sector, lo que significa que no podemos permitir que las empresas tecnológicas dominantes aprovechen ilegalmente su dominio para obtener una ventaja injusta".
Y por eso Bruselas ha ido un paso más allá. No se conforma con investigar. Ha advertido a Meta de que tiene la intención de imponer medidas provisionales. Es decir, actuar ya, incluso antes de que la investigación concluya, para evitar daños que podrían ser irreparables.
El tiempo corre
Meta ya ha recibido el aviso. Tiene derecho a defenderse, y la Comisión debe evaluar sus argumentos. Pero el reloj está en marcha. Si Bruselas considera que se cumplen los criterios, podría tomar una decisión vinculante en cuestión de semanas. Y esa decisión podría obligar a Meta a abrir nuevamente WhatsApp a los asistentes de IA de terceros, al menos hasta que termine el proceso completo.
La compañía aún no ha respondido públicamente a la solicitud de comentarios. Pero lo que está claro es que este caso no es solo sobre bots en una app. Es sobre cómo queremos que sea el futuro digital diverso, competitivo, accesible, o dominado por unos pocos actores que deciden quién entra y quién se queda fuera.
WhatsApp no es solo un medio de mensajería. Es una infraestructura. Y como tal, quizás deba ser tratada no como una propiedad privada, sino como un espacio público digital que debe seguir abierto a todos.