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WhatsApp quiere llevar la inteligencia artificial a un terreno mucho más íntimo que el botón de un asistente general. La aplicación prepara una API para conectar agentes de terceros directamente a chats dedicados, de forma que el usuario pueda hablar con ellos y pedirles tareas dentro de una conversación individual.
De momento, el despliegue solo ha llegado a algunos usuarios de Android. No hay una fecha concreta para su lanzamiento general.
El alta empieza dentro de WhatsApp y termina fuera
La configuración arranca al crear un bot nuevo dentro de la propia aplicación, que genera una clave API para introducirla en la plataforma donde funciona el agente. Ahí aparece uno de los giros más llamativos del sistema, porque WhatsApp no aloja por sí misma esa inteligencia, sino que actúa como puerta de entrada a servicios externos.
Cada cuenta podrá gestionar hasta cinco agentes distintos, con nombre y foto de perfil propios. Cada uno vivirá en su propio chat individual y no podrá saltar a grupos ni comunidades.
No leerán más de lo que se les envíe.
El límite está en el chat, pero también en la privacidad
Ese encierro tiene una lógica clara. El agente solo puede acceder a lo que el usuario comparta en esa conversación concreta, sin permiso para revisar otras charlas, la agenda de contactos ni los archivos multimedia almacenados en la cuenta.
Al mismo tiempo, la función deja una grieta importante. Las conversaciones con agentes de terceros no cuentan por ahora con cifrado de extremo a extremo, justo en una aplicación que ha convertido esa protección en una de sus señas más reconocibles.
Esa diferencia cambia la naturaleza de la conversación. No es lo mismo escribir a un contacto sabiendo que el contenido queda cifrado de extremo a extremo que hacerlo con un agente externo que opera bajo otra capa técnica.
WhatsApp suma otra pieza a su estrategia con IA
La novedad no llega sola. Se incorpora a una cadena de funciones relacionadas con inteligencia artificial que ya incluye medidas como el etiquetado de contenido creado con IA en determinados espacios, una señal de que la aplicación empieza a distinguir entre conversar, automatizar y reconocer cuándo una máquina interviene en el mensaje.
También encaja con un movimiento más amplio alrededor de agentes de IA para empresas, aunque aquí el cambio se vuelve cotidiano y doméstico. La promesa ya no consiste solo en responder preguntas, sino en ejecutar encargos dentro del espacio donde mucha gente organiza compras, citas, dudas y recados.
Hasta ahí llega hoy el anuncio, con una mezcla de apertura y contención. WhatsApp abre la puerta a agentes externos, pero los encierra en chats individuales, limita su número a cinco por cuenta y, por ahora, los deja fuera del cifrado de extremo a extremo.