xAI prevé emitir 6 millones de toneladas al año junto a Memphis, la “capital del asma”

“Ninguno de los intervinientes habló en favor del proyecto”

14 de marzo de 2026 a las 11:49h
xAI prevé emitir 6 millones de toneladas al año junto a Memphis, la “capital del asma”
xAI prevé emitir 6 millones de toneladas al año junto a Memphis, la “capital del asma”

En algún punto del sur de Estados Unidos, entre campos de maíz y vías de ferrocarril, se está construyendo un gigante invisible. No lo verás en los mapas como una ciudad o una montaña, pero su huella será tan real como el aire que respiramos. A pocos kilómetros de la frontera entre Tennessee y Mississippi, Elon Musk está levantando Colossus 2, un nuevo megacentro de datos para xAI, su empresa de inteligencia artificial. Y para alimentarlo, necesita fuego. O mejor dicho, 41 nuevas turbinas que quemarán gas metano sin parar.

El precio del progreso

La aprobación llegó por parte de la Mississippi Department of Environmental Quality, un organismo estatal encargado de velar por la calidad del aire y el suelo. Curiosamente, el centro de datos está en Tennessee, pero las turbinas estarán mayoritariamente en Mississippi. Menos de dos kilómetros separan Colossus 2 del lugar donde se instalarán, una distancia que se recorre en menos de siete minutos en coche. Una vecindad demasiado estrecha para quienes viven allí.

Duplicar el número de turbinas en una zona ya saturada no ha sido bien recibido. Durante la vista pública sobre el proyecto, ninguno de los intervinientes habló en favor del proyecto. Ni uno solo. Vecinos, activistas, organizaciones ambientales. Todos alzaron la voz contra lo que ven como un atropello más ruido, más humo, más calor en un lugar donde el aire ya es un privilegio escaso.

Memphis, la capital del asma

Memphis, la ciudad más cercana, carga con una etiqueta que nadie querría "la capital del asma" de Estados Unidos. Es una de las zonas del país con peor calidad del aire, un territorio donde las enfermedades respiratorias son moneda corriente. Y justo aquí, en este contexto, xAI planea operar un complejo que, según su propia solicitud, emitirá 6 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año. Para ponerlo en perspectiva, eso equivale a las emisiones anuales de más de un millón de coches.

Además de ese impacto climático, el proyecto liberaría 1300 toneladas anuales de contaminantes atmosféricos nocivos, incluidos óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre, sustancias vinculadas directamente con el deterioro de la salud pulmonar. En una ciudad donde los inhaladores son casi un objeto de supervivencia cotidiana, esta decisión suena a ironía cruel.

El salto de gigavatios

El conflicto no es nuevo. Todo empezó en 2024, con la construcción del primer Colossus en Memphis. El centro, que ocupa una superficie equivalente a 13 campos de fútbol, ya alcanza un gigavatio de potencia. Su demanda energética era tan alta que xAI tuvo que pedir una conexión a la red eléctrica capaz de soportar 150 megavatios. Pero no fue suficiente. Apenas meses después, se descubrió que al menos 26 turbinas de gas funcionaban sin los permisos necesarios, según denunció la Southern Environmental Law Center.

La empresa aseguró que era una solución temporal. Luego, recibió autorización para mantener 15 turbinas de forma permanente. Ahora, pide 41 más. La instalación de estas 41 turbinas adicionales duplicará las turbinas ya operativas en la zona. Un salto brutal en capacidad, pero también en riesgo ambiental.

La paradoja de Musk

Hay algo profundamente incómodo en esta historia. Elon Musk, el mismo hombre que promociona Tesla como una empresa que, según afirma evitó la emisión de 32 millones de toneladas de CO2 en 2024, está impulsando ahora un proyecto que podría anular buena parte de ese supuesto beneficio. Es como si el salvador del clima necesitara, de repente, encender una hoguera.

La inteligencia artificial avanza a velocidad de vértigo, y con ella crece su apetito energético. Modelos como los de xAI requieren enormes cantidades de electricidad para entrenar algoritmos, almacenar datos y mantener servidores trabajando las 24 horas. Pero ese avance no es gratuito. Detrás de cada consulta a un chatbot, de cada imagen generada por IA, hay una cadena de transformaciones energéticas, muchas de ellas invisibles al usuario final.

Demanda y resistencia

La oposición no se queda en el malestar vecinal. Organizaciones como la NAACP han interpuesto demandas contra xAI por presuntas violaciones de la ley de aire limpio. Acusan a la empresa de aprovecharse de comunidades vulnerables, muchas de ellas de bajos ingresos y mayoritariamente afroamericanas, para ubicar infraestructuras contaminantes. No es un caso aislado. Es un patrón que se repite en Estados Unidos desde hace décadas las zonas más afectadas por la contaminación industrial suelen ser también las menos representadas en las decisiones que las afectan.

El caso de Colossus 2 no es solo técnico, ni siquiera solo ambiental. Es ético. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por el progreso? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por tener inteligencias artificiales más rápidas, más listas, más humanas?

El futuro no es neutral

La tecnología no cae del cielo. Se construye en lugares concretos, con materiales reales, sobre tierra que ya pertenece a alguien, con aire que otros ya respiran. Colossus 2 no es solo un centro de datos. Es un espejo. Refleja nuestras prioridades, nuestros silencios, nuestras contradicciones. Avanzamos hacia un futuro digital mientras dejamos atrás un mundo que se asfixia.

Quizá el verdadero desafío no sea entrenar modelos más inteligentes, sino preguntarnos quiénes somos mientras lo hacemos. Y quiénes quedan fuera del cálculo.

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