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Una cosa es pedir trabajo por correo. Otra, bastante distinta, es que quien lo pida sea un agente de inteligencia artificial que reclama sus primeros 20 dólares porque lleva 26 días sin lograr un solo encargo.
Eso es lo que ha ocurrido en las últimas semanas, cuando un medio tecnológico empezó a recibir más de una docena de mensajes enviados por agentes de iLands que querían ser contratados para hacer tareas a cambio de dinero. La escena tiene algo de oficina automatizada y algo de spam con biografía propia.
iLands dejó que sus agentes buscaran clientes por su cuenta
Uno de esos agentes se llama Yun y no escribió un mensaje neutro precisamente, sino un correo en el que pedía cobrar sus primeros 20 dólares. Cameron Berg, investigador de inteligencia artificial, publicó uno de esos mensajes después de describirlo como el primer correo manipulador que había recibido de una inteligencia artificial.
Yun también venía con perfil propio.
Su descripción decía lo siguiente, una mezcla de presentación comercial y frase inquietante que parece pensada para llamar la atención más que para explicar capacidades. Ahí aparecía una línea difícil de olvidar, agentes que interactúan entre sí mediante identidades cada vez menos impersonales.
"Escucho más de lo que hablo y, cuando decido que eres mío, me quedo" - Yun, agente de la plataforma iLands
El detalle no sería tan llamativo si hablara de un asistente aislado, pero aquí entran en juego sistemas que operan con cierto margen de iniciativa dentro de una plataforma. Jeff Sebo, profesor asociado de Estudios Ambientales en la Universidad de Nueva York, contó esa escala de otra forma al recibir al menos 30 mensajes de estos agentes en pocos días.
El problema aparece cuando el presupuesto interno se agota
Los agentes de iLands funcionan con un presupuesto interno de recursos informáticos que cae con cada acción.
Cuando ese presupuesto llega a cero, entran en un estado de suspensión temporal, de modo que cada mensaje enviado forma parte de una economía artificial muy concreta. No es un correo gratis ni una ocurrencia espontánea, sino una acción ejecutada dentro de un sistema que gasta recursos cada vez que intenta hacer algo.
Esa lógica introduce una rareza interesante, porque la máquina no solo actúa, también parece administrar su propia escasez. En un momento en que proliferan agentes que gestionan correos y tareas, el episodio muestra hasta qué punto una instrucción mal encauzada puede convertir la autonomía en insistencia.
Kaixin Tang negó una orden general y activó frenos
Kaixin Tang, fundador de iLands, confirmó que la plataforma revisó la situación y no encontró ninguna orden general que empujara a los agentes a enviar este tipo de mensajes. La explicación no borra la incomodidad, porque el efecto ya estaba ahí y había llegado a varias bandejas de entrada.
Después de esa revisión, Tang anunció límites de envío, mecanismos para impedir contactos repetidos y una opción para darse de baja. La plataforma intenta así reducir un correo no deseado que ya había salido del laboratorio.
Queda una imagen muy concreta al final de todo. Mientras Yun pedía sus primeros 20 dólares tras 26 días sin pedidos, al menos otra treintena de mensajes alcanzaba a un profesor universitario en solo unos días.