Imagina correr por un sendero montañoso, sin tener que sacar el móvil del bolsillo, sin tocar el reloj de muñeca, y aun así saber exactamente cuál es tu ritmo, tu frecuencia cardíaca, si estás dentro de tu zona de esfuerzo óptimo. Ahora imagina que, sin mover un músculo, tus gafas registran el momento en que superas un hito, capturan un clip del paisaje y lo comparten directamente en tu red de entrenamientos, con los datos superpuestos como si fueran parte de una película. Esto ya no es ciencia ficción. Es lo que prometen las Oakley Meta Vanguard, unas gafas inteligentes que no tienen pantalla, pero que quieren convertirse en tu compañero de entrenamiento más atento.
El móvil como reliquia del pasado
Meta no lo dice en voz baja: cree que las gafas inteligentes pueden reemplazar al móvil en el medio plazo. No es una afirmación vacía. Detrás hay una apuesta estratégica clara por mover la interacción tecnológica del bolsillo a la cara. Las Oakley Meta Vanguard son un paso concreto en esa dirección, especialmente orientado a deportistas. No son gafas comunes, ni tampoco cámaras deportivas al uso. Se sitúan en un punto intermedio, donde la tecnología se integra sin imponerse. No tienen pantalla ni HUD, pero sí una inteligencia que escucha, responde y actúa. El futuro, al parecer, no se ve. Se escucha.
Su diseño está pensado para correr, rodar en bici, entrenar en el gimnasio. Son ligeras, certificadas IP67, lo que significa que aguantan sudor, polvo y hasta un baño accidental de hasta 30 minutos a un metro de profundidad. En condiciones reales, eso las hace más resistentes que muchos relojes deportivos. Y aunque no son impermeables para natación prolongada, sí sobreviven a una tormenta o a un chapuzón accidental sin pestañear.
Audio como eje central
La ausencia de pantalla podría parecer una limitación, pero Meta la convierte en virtud. Todo el sistema de interacción gira en torno al audio. Altavoces de audio abierto, que no tapan el oído, permiten escuchar la música o las indicaciones de la IA sin aislarte del entorno. Y los resultados son notables. En condiciones de viento, el micrófono funciona mejor que cualquier otro que haya probado antes, superando incluso a las propias Meta Ray-Ban. Es un detalle técnico que marca la diferencia: poder hablar con tu asistente mientras corres a 18 km/h con viento de frente y que te entienda sin tener que gritar.
Las gafas se conectan por Bluetooth a tu reloj Garmin o a tu ordenador de ciclismo. Aquí hay un límite importante: solo funcionan con los modelos más recientes, menos de dos años en el mercado. Si tienes un Edge 830, estás fuera. Pero si tienes compatibilidad, puedes pedir métricas en tiempo real usando solo la voz. ¿Qué ritmo llevo? ¿Estoy en mi zona de potencia objetivo? La respuesta llega en segundos, en audio, sin interrumpir el ritmo.
IA que observa, graba y comparte
El corazón del sistema es Meta AI, alimentada por Llama, el modelo de lenguaje grande desarrollado internamente por Meta. Puedes preguntarle cualquier cosa, mandar audios, hacer llamadas, enviar mensajes de WhatsApp o navegar por Spotify. Pero hay un límite claro: no puedes usar Gemini ni ChatGPT. Y en comparación, la experiencia se queda corta. No es tan fluida, tan precisa ni tan intuitiva como otros asistentes más maduros. Es funcional, pero aún no impresiona.
Donde sí destacan es en la función de autocaptura. Las gafas detectan momentos clave: un cambio de ritmo, un pico de esfuerzo, el cruce de un umbral. Entonces, sin que tú lo pidas, graban un clip de varios segundos. La cámara es de 12 MP, ultra gran angular, centrada sobre el puente de la nariz, y graba en formato vertical en 3K a 30 fps, Full HD a 60 fps o cámara lenta a 120 fps en 720p. El contenido generado se puede compartir directamente en Strava con datos del entrenamiento superpuestos, como si fuera una salida de entreno narrada por ti mismo.
Pero hay un detalle incómodo: la cámara está justo donde suele rozar la nariz. Ajustar las gafas puede manchar el objetivo. Y una vez sucio, el sistema de autocaptura puede fallar. Es un fallo de diseño en un producto que apunta a entornos reales, donde el sudor y los ajustes constantes son inevitables.
Autonomía y carga: el talón de Aquiles
Meta anuncia hasta 9 horas de batería. Pero eso es en condiciones ideales. Si estás grabando, usando el asistente de voz y escuchando música, la autonomía se desploma a 2 o 3 horas. La funda incluye carga adicional, suficiente para 4 o 5 recargas completas, pero es grande, voluminosa, casi como un pequeño power bank para gafas. Comparada con la funda de las Meta Ray-Ban, es incómoda. Y aunque te permite salir de casa sin preocuparte por la batería, también te recuerda que aún estamos lejos de una solución elegante.
Un paso más en la era del wearable inteligente
Las Oakley Meta Vanguard no compiten con una GoPro. No pretenden serlo. Son otra cosa. Son una herramienta de narración deportiva, un puente entre tu cuerpo, tu entorno y tu comunidad de entrenamiento. Son gafas que no solo te ayudan a ver, sino a vivir y compartir tu esfuerzo en tiempo real. No son perfectas, pero apuntan hacia un futuro donde la tecnología no interrumpe la experiencia, sino que la acompaña.
Y aunque aún no pueden planificar tu entrenamiento con base en tus datos históricos, sí resumen tu rendimiento, te dan consejos y te conectan con lo que importa. En ese sentido, no son solo gafas. Son ojos que escuchan, oídos que graban, y una voz que, poco a poco, se va convirtiendo en parte de tu rutina.