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Apple quiere probar una vía distinta para vender hardware sin llamarlo compra. Si nada cambia, el 28 de julio anunciará un programa de alquiler por arrendamiento para buena parte de su catálogo, con iPhone, Mac, iPad y Apple Watch disponibles desde cuota periódica en lugar de pago completo.
Apple cambia la puerta de entrada y deja atrás su plan de iPhone
El movimiento no llega en el vacío. Semanas después de subir los precios de Mac y iPad, Apple prepara un sistema que rebaja la barrera inicial para el cliente y, al mismo tiempo, dejará de admitir nuevos registros en su programa de actualización de iPhone.
Los contratos durarán 24 meses en iPhone y Apple Watch, y 36 meses en Mac y iPad, una diferencia que revela qué productos espera Apple que roten antes y cuáles encajan mejor en ciclos más largos.
Al terminar el arrendamiento, el usuario tendrá tres salidas. Podrá devolver el dispositivo, quedárselo pagando una cantidad final variable o cambiarlo antes por un modelo nuevo al renovar las cuotas.
Klarna asume el riesgo mientras Apple apenas altera su pulso bursátil
Klarna actuará como respaldo financiero de la iniciativa y asumirá el riesgo del programa.
La reacción del mercado dibujó una escena curiosa. Las acciones de Klarna subieron un 11% tras conocerse la noticia, mientras las de Apple apenas se movieron, como si el anuncio pesara más para quien pone el colchón financiero que para quien pone la marca.
Para entrar, los usuarios deberán pasar una comprobación de crédito simplificada. El servicio arrancará solo en Estados Unidos y estará disponible tanto en tiendas físicas como en línea, un despliegue doble que apunta a captar al cliente que compara desde casa y al que entra en una tienda con la idea de salir ya con el dispositivo.
La cuota no incluirá todo y tampoco servirá para todos los modelos
Aquí aparece la letra menos amable. El nuevo programa de arrendamiento excluirá Apple Care, justo cuando el plan de actualización de iPhone que Apple inauguró en septiembre de 2015 arrancó con una cuota mensual de 32 dólares que sí incluía esa cobertura.
No todos los equipos podrán entrar en la fórmula. Quedarán fuera el Apple Watch SE, el iPad de entrada, el iPhone 16 y el MacBook Neo, una selección que también puede leerse como una forma de reservar el alquiler para los productos con mejor encaje comercial o mayor margen.
Además, Apple deja fuera a empresas y centros educativos.
Ese recorte importa porque el alquiler tecnológico suele vender una promesa de flexibilidad, pero aquí la flexibilidad tiene bordes muy concretos. Ni habrá acceso universal dentro del catálogo ni la cuota arrastrará la red de protección que muchos clientes ya asociaban a la mensualidad del iPhone desde 2015.
Tim Cook ya había puesto el problema sobre la mesa con los precios
Tim Cook, consejero delegado de Apple, anticipó la subida de precios al afirmar que la situación se había vuelto "insostenible". Esa frase ayuda a entender por qué el arrendamiento aparece ahora no solo como una opción comercial, sino también como una respuesta a un catálogo más caro.
La maniobra recuerda a otras fórmulas con las que Apple ha ampliado el acceso a sus productos sin tocar del todo la percepción de precio, como ocurrió con su iPhone de entrada. En vez de abaratar el dispositivo, desplaza la conversación hacia la cuota mensual y reparte el golpe en el tiempo.
Hay una paradoja difícil de pasar por alto. Apple sube precios, retira la admisión de nuevos clientes en su viejo programa de actualización y lanza otro que excluye Apple Care, pero al mismo tiempo ofrece al usuario una salida para seguir cambiando de dispositivo sin asumir de golpe todo el coste.
En el arranque solo estará disponible en Estados Unidos, con crédito simplificado, sin empresas ni centros educativos y con exclusiones que afectan a cuatro modelos. Para una compañía que en septiembre de 2015 lanzó su programa de actualización de iPhone con 32 dólares al mes y Apple Care incluido, el cambio de tono cabe entero en ese detalle.