Carl Pei advierte: los smartphones potentes y baratos tienen los días contados

“Repercutir el coste o degradar el producto”: la disyuntiva de la industria móvil

19 de enero de 2026 a las 12:20h
Carl Pei advierte: los smartphones potentes y baratos tienen los días contados
Carl Pei advierte: los smartphones potentes y baratos tienen los días contados

La era del smartphone potente y barato podría estar llegando a su fin. Durante años, los fabricantes han jugado al equilibrio entre rendimiento y precio, ofreciendo dispositivos con fichas técnicas impresionantes sin que el bolsillo del consumidor sufriera demasiado. Pero ese juego, según uno de los actores más observados del sector, ya no tiene margen.

El fin de una promesa tecnológica

Carl Pei, fundador y CEO de Nothing, no ha utilizado su perfil de redes sociales para anunciar un nuevo producto ni para presumir de diseño. Esta vez, ha hecho algo distinto: ha advertido. Y su mensaje es claro. El modelo de ofrecer hardware puntero sin disparar el ticket final ha tocado techo. Tras años de competencia feroz en precios, especialmente en el segmento de gama media alta, la realidad industrial y económica está imponiendo su ley.

El dilema que enfrentan ahora los fabricantes no es técnico, sino financiero. Tal como lo plantea Pei:

"repercutir el coste de los materiales en el usuario o degradar el producto"

Una disyuntiva poco atractiva para todos. Por un lado, subir precios puede alejar a consumidores acostumbrados a buenas prestaciones por menos dinero. Por otro, recortar componentes para mantener el precio podría convertir esos smartphones en productos vacíos: con nombre de gama alta, pero sin el músculo interno que lo justifique.

La cuenta del progreso

¿Qué está provocando este cambio? No es una sola causa, sino una tormenta perfecta de factores. El mercado de memorias y procesadores, esencial para cualquier dispositivo moderno, se ha vuelto volátil. Y no se trata solo de inflación generalizada. El coste de ciertos componentes clave se ha triplicado en el último año. Piezas que antes costaban 20 dólares ahora superan los 100. Esa diferencia no se puede absorber indefinidamente.

El avance en la miniaturización de los chips, algo que celebramos cada vez que un nuevo procesador anuncia nodos de 2 nm, también tiene un precio. El encarecimiento de los nodos de 2 nm y la escasez de obleas provocará que los smartphones de gama alta sean más caros y posiblemente menos potentes. Sí, menos potentes. Porque la física y la logística están imponiendo límites que la ingeniería aún no puede sortear con holgura.

Y si eso no fuera suficiente, la inteligencia artificial está añadiendo más presión. Los nuevos modelos de IA no solo requieren procesadores potentes, sino también módulos de RAM mucho más densos y caros. Los smartphones ya no son solo teléfonos. Son computadoras de bolsillo que deben manejar tareas antes reservadas a estaciones de trabajo. Y eso tiene un coste real, tangible, que ya no puede ocultarse tras descuentos o promociones.

Una nueva normalidad para el consumidor

Pei no se ha quedado en diagnósticos. Ha adelantado el futuro. 2026 marcará el fin de las fichas técnicas abultadas a precios de derribo. Para entonces, los consumidores deberán acostumbrarse a que los terminales de alta gama no solo sean caros, sino que lo sean de forma estructural, no coyuntural. Y Nothing, que ha construido su identidad en ofrecer diseño y rendimiento sin el sobreprecio de las marcas más consolidadas, también se ajustará a esta nueva realidad.

La empresa no sacrificará elementos clave como el uso de memorias UFS 3.1, pero el consumidor deberá asumir un coste mayor. Pei sugiere que el hardware puntero se ha convertido en un artículo de lujo. Y que Nothing, pese a su espíritu disruptivo, seguirá la tendencia de precios de gigantes como Apple o Samsung. No por ambición de clase, sino por necesidad económica.

Este cambio no es solo de marketing. Es una señal de madurez, quizás incómoda, del mercado tecnológico. Durante décadas, la tecnología prometió progreso constante y democratizado. Pero ahora, como en otras áreas, comienza a mostrarnos sus límites materiales. Y a recordarnos que lo barato, a veces, solo es posible mientras no se mira de cerca quién lo paga.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía