El componente que más encarece hoy un móvil no es el procesador ni la pantalla. Es la memoria.
Carl Pei, cofundador y consejero delegado de Nothing, lo resumió con una frase poco habitual en un sector que suele presumir de cámaras y chips. La memoria, dijo, ya es el componente más caro de un smartphone y puede superar el 50% del coste total del hardware.
"La memoria es ahora el componente más caro en un smartphone. Es más cara que el procesador, más cara que la pantalla, y puede representar más del 50% del costo total del hardware" - Carl Pei, cofundador y consejero delegado de Nothing
Detrás de esa presión hay un cambio de prioridades en la industria. Samsung, SK Hynix y Micron han desviado parte de su fabricación hacia segmentos más rentables, mientras la demanda de centros de datos y sistemas de inteligencia artificial absorbe memoria DRAM y NAND Flash de alto rendimiento.
La escasez ya subió el precio de algunos móviles
Desde febrero, algunos modelos nuevos han llegado con subidas de hasta 100 dólares frente a sus predecesores. En India, los teléfonos por encima de 30.000 rupias han registrado aumentos de 7.000 rupias o más, una señal de que la tensión ya no vive solo en las fábricas, sino también en los escaparates.
Ahí aparece una paradoja que el comprador rara vez ve. La fiebre de la inteligencia artificial no solo reordena servidores y centros de datos, también aprieta el precio del teléfono que se compra para hacer fotos, chatear o pagar en una tienda.
Nothing lo ha vivido de forma directa con el Phone (4a).
El coste de su memoria se duplicó entre la decisión de fabricar el dispositivo y su llegada al mercado. Después volvió a duplicarse, una secuencia que ayuda a entender por qué el sobrecoste de la memoria ha dejado de ser un ajuste discreto para convertirse en una pieza central del precio final.
Cuando falta memoria, el mercado la reparte
No es solo una cuestión de oferta escasa, sino de poder de negociación. Carl Pei advirtió que, en una escasez, la memoria no se compra, sino que se asigna, una idea que retrata un mercado donde no todos los fabricantes compiten en igualdad de condiciones.
"En una escasez, la memoria se asigna, no se compra" - Carl Pei, cofundador y consejero delegado de Nothing
Eso golpea con más fuerza a la gama de entrada y a la gama media. Cuando los grandes fabricantes de memoria reservan capacidad para productos más rentables, disminuye la oferta de módulos destinados a los móviles más baratos, justo donde unos pocos dólares pueden decidir si un modelo mantiene su precio o desaparece.
Mientras tanto, el fin del abaratamiento de la memoria rompe una costumbre muy asentada en la electrónica de consumo. Muchos usuarios daban por hecho que el mismo presupuesto bastaría cada año para comprar algo parecido o mejor.
La subida no parece un episodio breve
Carl Pei también lanzó una advertencia muy concreta sobre el calendario. Los precios de los teléfonos, dijo, están subiendo y seguirán subiendo hasta el próximo año.
No hace falta mirar muy lejos para notar lo que eso significa. Si la memoria pesa más que el procesador y más que la pantalla, y además duplica su coste dos veces en el trayecto de un solo modelo al mercado, la vieja idea del móvil asequible empieza a depender menos del diseño y mucho más de una batalla industrial que ocurre lejos del bolsillo del usuario.