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El soporte no convierte al móvil en legal por sí solo.
La Dirección General de Tráfico admite que el teléfono viaje en un soporte y sirva como referencia visual, pero esa permisividad tiene un límite muy concreto. El artículo 19 del Reglamento General de Circulación exige que la superficie acristalada mantenga una visión diáfana de la vía.
Ponerlo en medio del parabrisas puede costar 100 euros
Ahí aparece la primera frontera práctica. Si el soporte queda en mitad del parabrisas y entorpece el campo visual, la colocación puede acarrear una sanción de 100 euros.
No hay una lista cerrada de modelos buenos y malos. Ni la DGT ni el RACE manejan una homologación específica o un catálogo de soportes permitidos y prohibidos, de modo que el criterio real no está en la marca del accesorio, sino en si roba visión al conductor.
Esa ausencia de sello previo obliga a mirar menos el soporte y más su efecto. Lo que importa es que el cristal siga ofreciendo una visión limpia de la carretera, porque la norma vigila la visibilidad y no el diseño comercial del accesorio.
Usarlo sin sujetarlo no evita la sanción más alta
Otra cosa distinta es la manipulación del teléfono durante la marcha. El Reglamento General de Circulación prohíbe utilizar el móvil mientras se conduce, con la excepción de los sistemas de comunicación sin manos.
En la práctica, eso significa que llevar el dispositivo colocado como navegador no autoriza a tocarlo en marcha para cambiar una ruta, responder un mensaje o buscar una canción. Esa diferencia entre mirar y manipular marca la distancia entre una consulta visual tolerada y una infracción.
La sanción por manipular el móvil al volante puede llegar a 200 euros.
Además, cuando el conductor usa el teléfono u otros dispositivos sin sostenerlos directamente, la infracción lleva aparejada la retirada de tres puntos. Ya existe incluso un marco más severo para quien lo lleva en la mano, porque en 2026 se aplicará la pérdida de seis puntos por utilizar el móvil sujetándolo con la mano.
La norma castiga más el gesto que el accesorio
Visto así, la escena cotidiana del conductor que coloca el teléfono para orientarse tiene bastante menos margen del que parece. El problema no empieza solo cuando el aparato tapa el parabrisas, sino también cuando obliga a apartar una mano o a desviar la atención para interactuar con la pantalla, algo que ya ha planteado dudas parecidas en la colocación del móvil en el parabrisas.
Desde ahí se entiende la aparente contradicción. El móvil puede ir a la vista, sí, pero no puede invadir el campo visual ni convertirse en un mando improvisado mientras el coche está en movimiento.
Entre una multa de 100 euros por obstaculizar la visión y otra de 200 euros con retirada de puntos por manipularlo, la diferencia no la marca el soporte, sino lo que el conductor hace con él.