Hace no mucho, en una sala con olor a café recién hecho y pantallas encendidas por todas partes, Lei Jun se enfrentó a una pregunta que ya nadie puede ignorar. No era sobre cámaras, ni baterías, ni si el nuevo móvil tiene carga inalámbrica. Esta vez tocaba hablar de algo más profundo. Algo que late bajo la superficie de cada dispositivo que compramos la memoria. Y por primera vez, un CEO de una gran empresa de electrónica señaló con claridad hacia el epicentro del terremoto silencioso que está sacudiendo la industria. El responsable, dijo, no es la inflación, ni los bloqueos logísticos. Es la inteligencia artificial.
La IA no solo habla, también consume
La inteligencia artificial no vive en la nube como un fantasma inmaterial. Tiene un cuerpo. Y ese cuerpo está hecho de silicio, cobre y, sobre todo, memoria. Cada vez que un modelo de lenguaje procesa una pregunta, que una imagen se genera de la nada o que un coche autónomo decide girar a la izquierda, se mueven terabytes de datos. Y mover datos requiere memoria. Mucha memoria. Tanta que la demanda global ha crecido a un ritmo que ni los más pesimistas pronósticos habían anticipado.
El crecimiento explosivo de la IA ha transformado el mercado de chips. Las fábricas que antes producían memoria para smartphones ahora priorizan servidores de centros de datos. La necesidad de más potencia para procesar datos y entrenar modelos ha disparado la demanda global de memoria. Y cuando la demanda sube y la oferta se estanca, ocurre lo inevitable los precios se encarecen. Y eso, como una ola larga, termina alcanzando nuestras playas.
El precio del progreso
Xiaomi no es ajena a esta ola. De hecho, es una de las primeras en sentir el chaparrón. Este aumento de precios ya está teniendo impacto en diferentes áreas del negocio de Xiaomi, especialmente en dispositivos como smartphones, tablets y otros productos electrónicos de consumo. No se trata de un problema futuro. Es ahora. Y el CEO lo reconoce con una franqueza poco habitual "Siempre se intenta tapar con algún tipo de recorte menos visible para el usuario medio".
¿Qué significa eso? Que quizás el nuevo móvil no llevará un cargador más rápido, o que se reduzca ligeramente la capacidad de la batería, o que el acabado del chasis no sea tan premium. Cosas que no saltan a la vista en una ficha técnica, pero que permiten mantener el precio de venta. La idea, dice Lei Jun, no es trasladar directamente todo el incremento de costes al usuario final. La estrategia es más sutil. La idea no es trasladar directamente todo el incremento de costes al usuario final, sino buscar diferentes fórmulas para absorber parte de ese impacto.
"El principal responsable de esta situación es el crecimiento explosivo de la inteligencia artificial." - Lei Jun, CEO de Xiaomi
Un mercado en tensión
Pero no es solo Xiaomi. Otras empresas del sector también están viendo cómo sus márgenes se reducen debido al encarecimiento de componentes clave. Es un fenómeno global. Samsung, Apple, Motorola, todas tiran del mismo cable. Y aunque todos intentan amortiguar el golpe, hay límites. Por eso, dentro de la industria se habla ya de un escenario claro móviles más caros. Y no solo eso. También una reducción progresiva de modelos de gama de entrada.
¿Hasta cuándo? Según las estimaciones internas de Xiaomi, este ciclo podría alargarse bastante. Este ciclo de precios podría alargarse bastante y mantenerse, al menos, hasta finales de 2027. Tres años más de tensiones. Tres años en los que la IA seguirá creciendo, comiendo recursos, empujando precios. Y mientras tanto, los fabricantes tendrán que jugar al equilibrio entre mantener la competitividad y no hundir sus cuentas.
La ventaja del volumen
¿Por qué Xiaomi cree que su situación es algo más estable? Por un motivo simple escala. La empresa mueve un enorme volumen de productos. Y eso, en tiempos de escasez, es poder. El enorme volumen de productos que maneja Xiaomi les permite negociar suministros con mayor margen. Son una pieza clave para los fabricantes de memoria. Y eso les da capacidad de maniobra. No inmunidad, pero sí respiro. Lo suficiente para intentar no dejar a su clientela habitual fuera del juego.
La IA también llega al bolsillo
En medio de esta tormenta, hay una nota curiosa. Justo en el contexto del Mobile World Congress, donde todos hablan de precios y escasez, Xiaomi anunció que su asistente de inteligencia artificial, Xiao AI, al fin saldrá de China y llegará a Occidente. Ironicamente, la misma fuerza que encarece los dispositivos es la que ahora se convierte en su principal atractivo. La IA que encarece los móviles es también la que promete hacerlos más útiles.
Es el círculo vicioso del progreso. Pagamos más por tener acceso a tecnologías que, a su vez, requieren más recursos para funcionar. Y mientras tanto, las empresas intentan navegar entre márgenes ajustados, promesas de innovación y la necesidad de no perder al comprador que mira cada céntimo.
El mensaje está claro. Se prevé móviles más caros y una reducción progresiva de modelos de gama de entrada en el mercado. Y aunque nadie quiere anunciarlo a los cuatro vientos, cada vez más voces en la industria repiten lo mismo lo barato puede estar llegando a su fin. Al menos, por ahora. Y todo, por una simple razón la inteligencia artificial no solo piensa. También cuesta.