Hace poco cambié de router. No fue un cambio obligado, ni impulsado por la moda. Fue una decisión técnica, casi de supervivencia digital. En casa tengo fibra simétrica de 1 Gbps con O2, una conexión que en teoría te permite descargar una película de 4 GB en menos de 30 segundos. Pero toda esa potencia se diluye si tu red inalámbrica no está a la altura. Hasta hace poco, con un Asus RT-AX92U con Wi-Fi 6, me las arreglaba bien. Eso cambió con el TP-Link Archer BE230 y su Wi-Fi 7.
El salto que no sabías que necesitabas
El Wi-Fi 6, que llegara hace unos años, fue un avance notable. Mejoró la eficiencia, permitió más dispositivos conectados y redujo la congestión en redes saturadas. Era perfecto para mi uso cuando lo compré en 2022. En la misma habitación que el router, la velocidad era prácticamente máxima y la latencia se mantenía por debajo de los 10 ms. Parecía el techo. Hasta que no lo fue.
Con el Wi-Fi 7, los números mejoran. No de forma espectacular en todos los escenarios, pero sí de manera constante y significativa. Lo primero que noté fue la diferencia en velocidad y latencia. El Wi-Fi 7 del TP-Link mejoró lo que conseguía con la conectividad anterior. No se trata solo de más megas. Se trata de estabilidad, de coherencia, de que el rendimiento no caiga cuando te alejas del centro de la casa.
El poder del MLO dos bandas, un solo enlace
Uno de los pilares del Wi-Fi 7 es el MLO, o Multi-Link Operation. Esto significa que el dispositivo puede conectarse simultáneamente a las bandas de 2,4 GHz y 5 GHz, combinándolas como si fueran un solo canal. Imagina que antes tenías dos carreteras paralelas, pero cada coche tenía que elegir solo una. Ahora, los coches pueden usar ambas al mismo tiempo. El resultado es un flujo de datos más rápido y más estable.
Con la red MLO en pie, y marcada con un 7 para diferenciarla, empecé a hacer pruebas en todas las habitaciones. Los resultados fueron mejores de lo que esperaba, ya que logré cifras cercanas al Gbps que tengo contratado con O2. En habitaciones donde antes apenas llegaba al 60 % de la velocidad, ahora rozaba el 95 %. La latencia al alejarse del router pasó de 9 a 15 ms como máximo. Nada que ver con los saltos bruscos que sufría con el Wi-Fi 6.
Un router listo en minutos, con resultados inmediatos
Uno de los detalles que más me sorprendió fue la simplicidad. El router estuvo funcionando en menos de cinco minutos. Configuración rápida, interfaz clara, sin necesidad de ajustes manuales complejos. Y, sin embargo, el impacto fue inmediato. La mejora obtenida con el salto de conectividad ha sido alta. Aprovecho todo lo que me ofrece O2 y su tarifa de fibra, he mejorado la cobertura en toda mi casa, el incremento en ancho de banda es sustancial y hasta disfruto de velocidades altas de Wi-Fi en habitaciones donde antes tenía limitaciones.
Hay que aclarar algo el TP-Link Archer BE230 no soporta la banda de 6 GHz, que es otra de las grandes promesas del Wi-Fi 7. Eso limita su potencial, pero aún así, el salto es notable. La tecnología ya está haciendo diferencia sin necesidad de todas sus cartas sobre la mesa.
¿Merece la pena el cambio ahora?
La respuesta no es categórica. Quien ya tenga Wi-Fi 6 no va a sentir un cambio radical. Al menos en tarifas de 1 Gbps con el XGS-PON y los 10 Gbps la cosa cambia. En esos casos, el operador suele entregar un router Wi-Fi 7 con la contratación.
La mejora obtenida con el salto de conectividad ha sido alta. Aprovecho todo lo que me ofrece O2 y su tarifa de fibra, he mejorado la cobertura en toda mi casa, el incremento en ancho de banda es sustancial y hasta disfruto de velocidades altas de Wi-Fi en habitaciones donde antes tenía limitaciones.
El Wi-Fi 7 no es solo para gamers o streamers profesionales. Es para quien quiere que su casa funcione como un solo sistema integrado. Múltiples móviles, cámaras, altavoces inteligentes, televisores, portátiles. El nuevo estándar permite mayor estabilidad en habitaciones lejanas al router y un ancho de banda más amplio. Y lo hace sin que tengas que gestionar redes separadas o cambiar manualmente de banda.
Estamos en una transición silenciosa. Como cuando pasamos del Wi-Fi 4 al 5, o del 5 al 6. Nadie anuncia que cambió de estándar, pero un día te das cuenta de que todo funciona mejor. Sin explicación aparente. Solo fluidez. El futuro del Wi-Fi no es más rápido, es más invisible. Y eso, al final, es lo que más importa.