España vive pegada a WhatsApp: se usa 1h 34 min al día y crecen quienes borran Instagram y vuelven al Nokia

El 94,6 % de los españoles usa WhatsApp y casi todos tienen smartphone, pero aumenta el cansancio digital: más usuarios dejan redes y algunos recuperan Nokia, SMS y llamadas.

23 de agosto de 2026 a las 17:17h
España vive pegada a WhatsApp: se usa 1h 34 min al día y crecen quienes borran Instagram y vuelven al Nokia
España vive pegada a WhatsApp: se usa 1h 34 min al día y crecen quienes borran Instagram y vuelven al Nokia

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Apagar WhatsApp o borrar Instagram roza hoy el gesto excéntrico en España.

Los números ayudan a medir esa rareza. El 94,8 % de los españoles tiene smartphone y el 94,6 % se comunica por WhatsApp, mientras 33,1 millones usan redes sociales y dedican una hora diaria a Instagram, TikTok, X o Facebook.

Algunos prefieren volver al Nokia para recuperar tiempo

Diego Hidalgo, emprendedor digital de 42 años e impulsor del Movimiento OFF, usa un Nokia 3310 y ha convertido esa decisión en parte de su discurso público. También ha escrito Anestesiados en 2021 y Retomar el control en 2024, dos libros que giran alrededor de la relación entre atención, tecnología y autonomía personal.

Hidalgo pone palabras a una escena que hace no tanto resultaba normal.

"La gente me pregunta muchas veces: ¿cómo contacto contigo? Me puedes llamar, me puedes escribir un correo electrónico, me puedes mandar un sms y, si hace falta, puedes venir a verme. Es increíble cómo nos olvidamos de cómo nos comunicábamos hace cinco o diez años". - Diego Hidalgo, emprendedor digital e impulsor del Movimiento OFF

Su crítica no se queda en la nostalgia por un teléfono más simple. Diego Hidalgo, también consejero de la embajada de la Orden de Malta en Marruecos, describe el smartphone como una triple máquina de distracción, extracción de datos y externalización de facultades cognitivas, porque muchas tareas acaban delegadas en el móvil por pura inmediatez.

WhatsApp ocupa una hora y treinta y cuatro minutos al día

Ahí aparece la paradoja. La aplicación más integrada en la vida diaria consume en España una hora y treinta y cuatro minutos al día de media, según el Estudio Redes Sociales 2026 de IAB Spain.

Pablo Marinero, informático de 44 años y experto en privacidad digital, dejó WhatsApp en 2012 y ahora usa un Nokia antiguo. Para él, vivir así resulta más cómodo porque decide cuándo atender un mensaje o una llamada y además intenta dar ejemplo en casa con su hijo de ocho años.

Marinero lleva esa idea hasta el terreno de los principios.

"No va a venir una tecnología a cambiarme mi filosofía y condiciones de vida. Estoy dispuesto a defenderme de tal manera que si alguien quiere comunicarse conmigo hay tecnologías que permiten hacerlo sin ningún problema". - Pablo Marinero, informático y experto en privacidad digital

Su postura no discute la posibilidad de comunicarse, sino el peaje invisible que a veces acompaña a esa comunicación. De hecho, alrededor de WhatsApp ya circulan debates sobre privacidad cotidiana, desde el rastro que dejan los mensajes en el dispositivo hasta la lectura sin confirmación, pequeños trucos que delatan hasta qué punto la disponibilidad permanente genera fricción.

También crece la fatiga con las redes sociales

Algo parecido ocurre con las plataformas sociales. El porcentaje de usuarios que dejó de usar una red social en los últimos 12 meses subió del 33 % en 2025 al 42 % en 2026.

Mar España, exdirectora de la Agencia Española de Protección de Datos y actual directora de Plataforma Control Z, eliminó sus cuentas de Instagram y X en febrero de 2026. Cuando explica su decisión, habla del algoritmo de Instagram como un sistema adictivo que ofrece más contenido del que sabe que gusta al usuario.

Mar España resume el problema en el terreno de la atención.

"Intento tener mucho control sobre mi atención, siendo consciente de lo que consumo y que sea porque lo quiero consumir y no porque me inducen a atraparme en contenidos que al final acaban siendo superficiales". - Mar España, directora de Plataforma Control Z

Esa vigilancia sobre lo que uno mira no nace de la nada. En torno a Instagram y WhatsApp ya han aparecido análisis sobre la explotación de la atención, una idea que conecta con el cansancio de usuarios que no quieren vivir pendientes de una pantalla que siempre promete algo más.

María Fernández, profesora de filosofía y psicología en un instituto de Madrid, borró WhatsApp hace dos años después de leer El valor de la atención, de Johann Hari. Durante un año y medio regaló ese libro a sus amigos en los cumpleaños y luego empezó el curso de psicología de segundo de Bachillerato leyéndolo con sus alumnos.

Fernández sostiene que el libro describe con detalle cómo se devalúan capacidades cognitivas humanas y cómo funcionan las tecnológicas a través de su modelo de negocio. Cuando mira los grupos de mensajería, habla de relaciones sostenidas con gente a la que ni siquiera se ve y de un ruido de fondo que baja en cuanto desaparecen esos canales.

Olga Rentero, fotógrafa de 31 años, cerró su cuenta de Instagram en diciembre del año pasado tras usarla alrededor de dos horas al día. Su sensación era simple y muy reconocible, la idea de que si no estás dentro, no te enteras de nada.

España suma millones de usuarios, pero también más renuncias

En 2025 residían en España 43.873.060 personas de entre 10 y 85 años, según el Instituto Nacional de Estadística. Visto sobre esa escala, cada abandono individual parece pequeño, pero la suma dibuja una pregunta incómoda sobre qué parte de nuestra vida digital usamos por deseo y cuál por costumbre.

Quizá ahí esté el verdadero contraste. En un país donde casi todo el mundo lleva smartphone y casi todo el mundo usa WhatsApp, todavía hay quien prefiere un Nokia 3310, un correo, una llamada o un SMS para que la conversación no decida también cómo se reparte el día.

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