China es el mercado de móviles más competitivo del planeta. Más de mil millones de usuarios conectados. Una batalla de gigantes donde cada punto porcentual equivale a millones de dispositivos vendidos. Y en el centro de ese campo de juego, dos compañías han tomado posiciones opuestas. Huawei, que parecía destinada a desaparecer del mapa tecnológico tras las sanciones de Estados Unidos, lidera la cuota de mercado en 2025 con un 16,4%. Apple, por su parte, crece un 4% y se acerca en número, con un 16,2%, manteniéndose como la número uno a nivel mundial. Un duelo silencioso, intenso, que refleja una transformación mucho más profunda que la simple venta de teléfonos.
El retorno de Huawei: más que un teléfono
Hace apenas cinco años, Huawei estaba al borde del colapso tecnológico. Sin acceso a Google, sin chips avanzados de fabricantes estadounidenses, sin actualizaciones clave para sus servicios globales. Muchos dieron por muerta a la empresa. Pero en lugar de rendirse, optó por reinventarse. Desarrolló sus propios procesadores en alianza con SMIC, su fabricante nacional de semiconductores. Creó un ecosistema de software independiente, alejado de Android. Rediseñó toda su cadena de suministro. Lo que parecía una caída libre se convirtió en un salto cuántico de soberanía tecnológica.
El resultado es claro: más de dos años como líder en envíos en China. No se trata solo de resistencia. Es una declaración de independencia. Mientras otras marcas como Vivo, Xiaomi y OPPO siguen dependiendo de Qualcomm para sus chips, Huawei ha decidido jugar una partida más arriesgada, pero también más estratégica. No solo fabrica teléfonos. Está construyendo una alternativa tecnológica paralela.
Apple, el gigante global que juega a medio gas
A nivel mundial, Apple domina con un 20% del mercado. Samsung sigue muy de cerca con el 19%, y las marcas chinas como Xiaomi, Vivo y OPPO se reparten el resto. Pero en China, el terreno es distinto. Aquí, la marca de la manzana no es sinónimo de prestigio absoluto. Es un producto más entre opciones cada vez más sofisticadas. Su crecimiento del 4% en 2025 se debe principalmente a la acogida de la familia iPhone 17, que ha sabido atraer a usuarios leales y a nuevos segmentos con mejoras en cámara y eficiencia energética.
Sin embargo, ese crecimiento es modesto frente a la ambición de Huawei. Apple ha superado a Samsung a nivel global, pero en el corazón del mercado asiático, sigue siendo la segunda fuerza. Y eso no es un detalle menor. China no es solo un mercado. Es el laboratorio donde se prueban las tendencias que luego se exportan al resto del mundo.
El tablero chino: una foto de cinco jugadores
El ranking de cuota de mercado en China en 2025 es un mapa de tensiones: Huawei 16,4%, Apple 16,2%, Vivo 16,2%, Xiaomi 15,4%, OPPO 15,2%. Las diferencias son mínimas. Menos de un punto porcentual separa al primero del quinto. Es un mercado hipercompetitivo, donde la innovación se mide en meses, no en años. Y donde la lealtad del consumidor es frágil.
Mientras Huawei apuesta por la independencia tecnológica, marcas como Vivo, Xiaomi y OPPO mantienen relaciones estrechas con Qualcomm. Dependen de sus chips, pero también se benefician de su escalabilidad y rendimiento probado. Es un modelo más conservador, pero también más predecible. En esta batalla, no se define solo quién vende más, sino quién controla el futuro de la tecnología.
El horizonte incierto: 2026 y más allá
Para 2026, las previsiones no son optimistas. Consultoras como Counterpoint anticipan una moderación generalizada. Escaso crecimiento. El mercado se ha saturado. Los usuarios cambian de teléfono cada vez más tarde. Y encima, se avecina una crisis global en el suministro de memorias DRAM y NAND. Eso significa que los precios de los componentes clave subirán. Y esos aumentos, tarde o temprano, llegarán al consumidor final.
En este contexto, la apuesta de Huawei por la autosuficiencia podría convertirse en una ventaja estratégica. Controlar la cadena de valor no solo es un asunto de seguridad nacional. Es también una herramienta para mantener estabilidad en tiempos de tormenta. Mientras otros dependan de mercados globales volátiles, quienes hayan invertido en soberanía tecnológica podrían navegar mejor las próximas olas.
La guerra de los móviles ya no se libra solo con pantallas más grandes o cámaras más potentes. Se libra en fábricas de silicio, en líneas de código, en decisiones políticas tomadas a miles de kilómetros de las tiendas. Y en ese nuevo campo de batalla, el teléfono que llevas en el bolsillo ya no es solo un dispositivo. Es un símbolo de un orden tecnológico en transformación.