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Durante décadas, una escena del 24 de junio de 1542 pesó más que un mapa entero. Fray Gaspar de Carvajal contó que mujeres guerreras atacaron la expedición de Francisco de Orellana en el río Grande, y de ahí salió el nombre del Amazonas, pero su relato sobre poblados y redes de caminos quedó bajo sospecha durante siglos.
Ahora ese viejo descrédito tropieza con un escáner láser. Nature ha publicado un barrido LiDAR en la Amazonía suroccidental que devuelve al debate una idea incómoda para la arqueología más conservadora, que la selva no ocultaba un vacío humano, sino un paisaje trabajado durante siglos.
El láser encontró lo que la selva llevaba siglos tapando
Un equipo de la Universidad de Helsinki y la Universidad Federal de Acre escaneó 4.500 kilómetros cuadrados de selva en el estado brasileño de Acre.
El resultado fue contundente, porque el barrido reveló casi 400 estructuras humanas desconocidas en esa zona. Esa cifra apenas cubre el 0,7% del área de la civilización estudiada, así que la sorpresa no está solo en lo hallado, sino en todo lo que todavía falta por mirar.
De ahí sale una corrección de escala. Los estudios previos habían infraestimado las estructuras humanas por un factor de cinco.
Al extrapolar los datos al resto del territorio de Acre, los autores sugieren la existencia de unas 30.000 estructuras. La imagen que aparece ya no encaja con una ocupación dispersa y marginal.
La discusión ya no gira solo en torno al suelo pobre
Entre 1950 y 1970, Betty Meggers defendió que el Amazonas estaba condenado a ser un sitio poco poblado por la calidad del suelo. Aquellas teorías desacreditaron en el ámbito académico las crónicas de Carvajal, que hablaban de asentamientos y caminos en una región que muchos imaginaron casi vacía.
No es un detalle menor.
Las estructuras de Acre se construyeron unos seis siglos antes de la llegada de los castellanos. Además, la expedición de Orellana no pasó cerca de la zona escaneada, de modo que el nuevo mapa no confirma de forma directa su itinerario, pero sí rompe el clima intelectual que durante años convirtió su testimonio en exageración o fábula.
Quien mejor resumió esa prudencia fue Michael Heckenberger, profesor de la Universidad de Florida, al valorar el alcance demográfico del estudio.
"Plausible y extremadamente importante" - Michael Heckenberger, profesor de la Universidad de Florida
Su reserva no es menor que su respaldo. Heckenberger echa de menos el registro habitacional, un matiz decisivo cuando se intenta pasar de montículos, zanjas o recintos a una cifra de población.
La cifra más ambiciosa sigue pidiendo pala y tiempo
Los autores estiman que entre el siglo I y el III d.C. vivieron en esa zona de la Amazonía entre 1,25 y 3 millones de personas. El cálculo sale de multiplicar las estructuras por la mano de obra necesaria para levantarlas, una operación útil para abrir una hipótesis, aunque no cierre todavía el debate.
José Iriarte, profesor de la Universidad de Exeter, dejó la objeción en una frase que pesa como una advertencia de campo.
"Falta excavar" - José Iriarte, profesor de la Universidad de Exeter
Ahí está la tensión más fértil de este hallazgo. El LiDAR permite ver bajo la cubierta vegetal y corrige una ceguera de décadas, pero la estimación de entre 1,25 y 3 millones de habitantes sigue apoyándose en indicios indirectos, mientras casi 400 estructuras descubiertas en solo 4.500 kilómetros cuadrados sugieren que el verdadero tamaño de esa Amazonía antigua quizá empezó a asomar demasiado tarde para quienes la dieron por imposible.