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Samsung ha movido una pieza conocida, pero no menor. El Galaxy S26 FE llegará el 4 de septiembre por 799 euros.
Son 40 euros más que los 759 euros del modelo anterior, una subida pequeña sobre el papel y muy visible cuando el apellido FE nació precisamente para recortar distancia con la gama alta. Ahí está la primera tensión del anuncio, porque la familia mantiene su imagen de acceso más contenido sin tocar del todo el terreno de los modelos más caros.
Samsung mantiene la receta y estira el soporte
De serie, el teléfono saldrá con Android 17 y One UI 9. Samsung además promete el modelo recibirá siete años de actualizaciones del sistema operativo, un dato que pesa casi tanto como el hardware en un mercado donde muchos móviles envejecen antes por software que por batería.
La memoria RAM queda fijada en una única versión de 8 GB, mientras el almacenamiento se reparte entre 128 GB, 256 GB y 512 GB. Esa combinación deja claro qué se puede elegir y qué no, una forma de simplificar la compra aunque también limite el margen para quien esperaba más opciones de memoria.
Mientras tanto, la pantalla sigue en 6,7 pulgadas.
Samsung conserva el panel AMOLED con tasa de refresco de 120 Hz, una base que ya define el tipo de uso al que apunta el dispositivo. No es un detalle menor, porque esa fluidez se nota menos en una ficha técnica que en gestos cotidianos como desplazarse por una web, abrir la cámara o saltar entre aplicaciones.
El chip baja a 3 nanómetros, pero la memoria no cambia
En el interior aparece el Exynos 2500 fabricado a 3 nanómetros, el componente que más explica el salto generacional real de este modelo. Junto a él, Samsung mantiene la RAM en 8 GB, así que el avance se concentra más en el procesador que en una ampliación general de especificaciones.
La batería se queda en 4.900 mAh y admite carga rápida por cable de 45 W, además de carga inalámbrica de 15 W. Es una combinación que busca equilibrio más que exhibición, con cifras que colocan el foco en aguantar la jornada y recuperar energía sin depender siempre del cable durante demasiado tiempo.
También suma certificación IP68, 5G, Wi Fi 6E, Bluetooth 5.4 y sensor de huellas en pantalla. En un móvil de 2026, esa lista ya no funciona como adorno, sino como el conjunto de mínimos que muchos usuarios dan por descontados hasta que falta uno.
Las cámaras apuntan a la versatilidad más que al exceso
Detrás monta un sensor principal de 50 MP, un ultra gran angular de 12 MP y un telefoto de 8 MP con zoom óptico 3x. Delante, la cámara frontal sube a 12 MP, con una configuración que insiste en cubrir varios usos sin convertir la fotografía en una carrera de cifras aisladas.
Samsung añade funciones de vídeo como My FanCam, modo superestable y vídeo nocturno, tres herramientas pensadas para una costumbre muy concreta que ya define buena parte del móvil actual, grabar más y pensar después. En ese terreno, el teléfono no solo compite por hacer una foto correcta, también por responder cuando la escena ocurre con poca luz o con el pulso de quien va andando.
Estará disponible en azul, verde claro y negro.
Ese cierre de gama convive con una decisión más llamativa que cualquiera de los colores, porque el Galaxy S26 FE sube a 799 euros y, al mismo tiempo, conserva 8 GB de RAM como única variante.