Xi Jinping le regaló un Xiaomi 15 Ultra a Lee Jae Myung: luego se hicieron un selfie en Pekín

"¿La línea de comunicación es segura?", preguntó el presidente surcoreano tras recibir el móvil de Xi

09 de enero de 2026 a las 14:55h
Xi Jinping le regaló un Xiaomi 15 Ultra a Lee Jae Myung: luego se hicieron un selfie en Pekín
Xi Jinping le regaló un Xiaomi 15 Ultra a Lee Jae Myung: luego se hicieron un selfie en Pekín

Cuando el presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, llegó a Pekín el 4 de enero, nadie pensaba que un simple móvil se convertiría en protagonista de una cumbre diplomática. Pero eso fue exactamente lo que ocurrió cuando, durante su reunión con Xi Jinping el día 5, ambos líderes posaron juntos sosteniendo un dispositivo chino. No fue un gesto protocolario cualquiera. Fue un selfie. Con un Xiaomi 15 Ultra.

Un retrato con carga simbólica

El momento, inusual en la rigidez del protocolo diplomático, fue inmortalizado con el mismo teléfono que Xi Jinping había regalado meses antes a Lee Jae Myung. El encuentro tuvo lugar durante la cumbre del APEC en noviembre de 2025, celebrada en Gyeongju, donde el presidente chino entregó el dispositivo como gesto de cortesía. Entonces, Lee bromeó:

"¿la línea de comunicación es segura?"

A lo que Xi respondió entre risas:

"deberías comprobar si hay una puerta trasera"

La anécdota, aparentemente ligera, esconde una tensión latente. En un mundo donde la tecnología y la política están entrelazadas como nunca, un regalo como este no es solo un detalle. Es un mensaje. Entregar un smartphone en una cumbre entre potencias asiáticas es tanto un acto de hospitalidad como una demostración de músculo tecnológico.

El teléfono que conecta y espía

El Xiaomi 15 Ultra no es un dispositivo cualquiera. Representa la punta de lanza de una industria china que ha salido de las sombras de la fabricación barata para convertirse en una fuerza global. Y cuando un líder como Xi Jinping lo entrega personalmente, su peso simbólico se multiplica. Ya no es solo un teléfono, es un embajador digital de la soberanía tecnológica china.

Lee Jae Myung, tras el encuentro, publicó en redes sociales:

"la calidad de video es definitivamente buena, ¿verdad?"

Una frase aparentemente inocente, pero que también puede leerse como un guiño irónico. ¿Buena calidad de video? Sí. Pero también buena calidad de encriptación. Buena calidad de micrófonos. Buena capacidad de rastreo. En 2025, cada smartphone es un dispositivo de inteligencia potencial.

Cuando lo personal es político

El gesto de hacerse un selfie con el líder chino y su esposa, usando precisamente ese teléfono, añade una capa extra de significado. No fue un retrato tomado con una cámara oficial, sino con el regalo recibido. Como si dijera: acepto tu tecnología, tu símbolo, tu confianza —o al menos, eso quiero mostrar.

Es un momento íntimo, compartido públicamente, que borra por unos segundos la distancia entre los líderes mundiales y los ciudadanos comunes. Cualquiera puede hacerse un selfie. Pero no cualquiera lo hace con el presidente de China, con un móvil que representa a una de las mayores empresas tecnológicas del planeta.

Un dispositivo en manos de millones

Más de una décima parte de la población mundial usa dispositivos Xiaomi. Con una población global de 8.000 millones, eso significa que al menos 800 millones de personas llevan en el bolsillo un trozo de esta empresa china. Esa cifra convierte a Xiaomi en algo más que una marca; es un ecosistema global de comunicación, datos y hábitos digitales.

Y si 800 millones de personas confían en sus dispositivos para hablar, navegar, pagar o almacenar recuerdos, entonces regalar uno de estos móviles entre líderes no es un simple intercambio de objetos. Es un recordatorio: la tecnología ya no sirve solo para conectar personas. También conecta —y presiona— naciones.

La diplomacia en la palma de la mano

En el siglo XX, los líderes intercambiaban relojes, libros o obras de arte. Hoy, pueden regalarse un teléfono. Y ese teléfono no solo comunica. Escucha. Observa. Almacena. Transmite. El Xiaomi 15 Ultra es un objeto cotidiano, pero también un instrumento de poder blando, de influencia estratégica, de control latente.

Quizá no haya puertas traseras en ese dispositivo. O tal vez sí. Lo cierto es que, en el juego de la geopolítica contemporánea, cada clic, cada foto, cada mensaje enviado desde un móvil chino, coreano, estadounidense o europeo, forma parte de un tablero mucho más amplio. Donde la tecnología ya no sigue a la política. A menudo, la precede.

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