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Xiaomi ha vuelto a mover la aguja de sus previsiones para 2026 y ahora espera fabricar 110 millones de smartphones.
El dato llama la atención por una razón muy concreta. La compañía había arrancado el año con una idea cercana a los 170 millones de dispositivos, después rebajó ese cálculo a 135 millones y más tarde a una franja de 90 o 95 millones antes de elevarla de nuevo.
Xiaomi corrigió el rumbo cuando la gama asequible ganó peso
Ese ajuste añade unos 20 millones de unidades y concentra el esfuerzo sobre todo en los modelos más baratos, una decisión que dice bastante sobre dónde cree la marca que sigue habiendo margen. Cuando un fabricante empuja por abajo, no solo busca volumen, también intenta proteger cuota en el terreno donde cada euro cuenta.
En el primer trimestre de 2026, Xiaomi conservó la tercera posición mundial con una cuota aproximada del 12%.
Aun así, ese podio convivió con una caída incómoda. Sus envíos descendieron un 19% interanual en ese mismo trimestre, de modo que la revisión al alza no llega tras un arranque plácido, sino después de un frenazo visible en las entregas.
La memoria subió con fuerza y cambió las cuentas del mercado
Detrás de ese vaivén aparece una pieza menos vistosa que la cámara o la batería, pero decisiva en la factura final del teléfono. TrendForce calculó que los precios contractuales de la DRAM convencional subirían entre un 58% y un 63% durante el segundo trimestre, mientras la NAND Flash avanzaría entre un 70% y un 75%.
Ahí está una parte del problema.
Los fabricantes de chips están destinando más recursos a la memoria HBM y a los SSD empresariales para servidores de inteligencia artificial. Eso reduce la atención disponible para componentes básicos del móvil y aprieta justo el segmento donde Xiaomi quiere colocar buena parte de esos 20 millones extra, algo que ya se había visto en la subida de la memoria móvil.
El plan crece justo donde el margen suele ser menor
La paradoja resulta difícil de ignorar. Xiaomi eleva su previsión anual al mismo tiempo que se encarecen dos de los componentes que más pesan en cualquier smartphone y, además, lo hace reforzando sobre todo la parte asequible del catálogo, donde absorber costes o trasladarlos al precio final siempre duele más.
Al final, la cifra de 110 millones no solo retrata una ambición industrial. También resume una tensión muy concreta entre cuota, costes y volumen, porque Xiaomi sigue tercera con un 12% del mercado mientras carga con un descenso interanual del 19% en envíos.