España vetó en agosto de 2025 la ampliación de RedIRIS por la presencia de tecnología de Huawei y lo hizo con un argumento de peso político y técnico a la vez. El Gobierno invocó la autonomía tecnológica del país. Ahora, ese mismo debate aparece dentro de la arquitectura prevista para una infraestructura militar de guerra digital.
Defensa mantiene a Huawei dentro del diseño de su red 5G
Los pliegos técnicos del Estado Mayor de la Defensa para ampliar el Centro de Desarrollo, Adiestramiento y Pruebas 5G del Mando Conjunto del Ciberespacio incluyen componentes de Huawei en la red. El expediente detalla la compra de dos routers Huawei NetEngine AR651C y seis puntos de acceso inalámbrico Huawei RU 201.
No es un detalle menor, porque ese centro militar trabaja con redes de datos tácticas 5G, plataformas avanzadas de inteligencia artificial, cámaras inteligentes, sensores IoT y sistemas de comunicaciones pensados para evolucionar hacia tecnologías 6G o superiores dentro de la misma infraestructura.
La paradoja resulta difícil de esquivar. Mientras una red académica y científica quedó frenada por el criterio de autonomía tecnológica, un entorno de ciberdefensa de alta sensibilidad toma esos dispositivos como referencia ideal para definir su arquitectura informática.
La cláusula de escape deja abierta la puerta a otros fabricantes
El pliego no cierra del todo la decisión, porque añade la fórmula «o similar» en la descripción técnica. Eso permite que Telefónica Ingeniería de Seguridad, adjudicataria del contrato, sustituya esos equipos por otros equivalentes de distintas marcas.
Aun así, el dato de fondo sigue ahí. El Mando Conjunto del Ciberespacio usa los equipos de Huawei como patrón técnico deseado, del mismo modo que la desconfianza geopolítica en torno a Huawei ha seguido creciendo en Europa sin traducirse siempre en prohibiciones uniformes.
La autonomía tecnológica no se aplica igual a todos los equipos
Hay otro contraste llamativo dentro del mismo expediente militar. El pliego prohíbe expresamente el uso de componentes de DJI en aeronaves no tripuladas y justifica esa exclusión por la necesidad de evitar posibles vulnerabilidades asociadas y asegurar la autonomía tecnológica.
En otras palabras, el documento fija una prevención explícita para una marca y, al mismo tiempo, conserva a otra dentro del esquema técnico de referencia. Esa asimetría revela hasta qué punto la autonomía tecnológica no siempre funciona como una regla lineal, sino como un criterio que cambia según el equipo y la función.
Bruselas ya había avisado sobre los sectores de alta sensibilidad
La Comisión Europea ya había alertado sobre la conveniencia de no confiar en Huawei para ámbitos de alta sensibilidad. Ese aviso da más relieve a la elección de componentes en un centro que no gestiona una simple red corporativa, sino un laboratorio operativo para ciberdefensa, conectividad táctica y automatización inteligente.
También ayuda a entender por qué el debate no gira solo alrededor de una marca. Al final, lo que está en juego es quién define los cimientos de sistemas militares conectados que integran 5G, inteligencia artificial, sensores y vigilancia avanzada, justo cuando la regulación española sobre IA intenta reforzar el control en otros frentes tecnológicos.
Dos routers y seis puntos de acceso pueden parecer una lista menor dentro de un pliego técnico. Sin embargo, en este caso condensan una contradicción muy concreta entre el discurso de soberanía tecnológica y la elección de los equipos con los que España dibuja su guerra digital.