El dispositivo estrella del CES 2026 fue un refrigerador que abre con la voz

"La creciente gama de herramientas... corrían el riesgo de ser cada vez más invasivas" - Cindy Cohn

16 de enero de 2026 a las 07:35h
El dispositivo estrella del CES 2026 fue un refrigerador que abre con la voz: útil o exceso?
El dispositivo estrella del CES 2026 fue un refrigerador que abre con la voz: útil o exceso?

Cada enero, Las Vegas se convierte en el epicentro del futuro tal como lo imaginan las grandes empresas de tecnología. El CES 2026 no fue la excepción. Durante una semana, miles de personas recorrieron pasillos repletos de pantallas gigantes, robots parlantes y dispositivos que prometían hacer la vida más cómoda, más conectada, más inteligente. Pero entre tanto brillo, también brilló por su ausencia algo esencial: sentido común. Y fue precisamente ese vacío el que el concurso 'Worst in Show' decidió poner bajo la luz, no con aplausos, sino con ironía necesaria.

El refrigerador que habla, pero no piensa

Primero llegó el refrigerador que abre la puerta con la voz. El Bespoke AI Family Hub de Samsung. Un electrodoméstico con pantalla táctil, asistentes virtuales y capacidad para gestionar tu lista de la compra. Sonaba prometedor. Hasta que uno se pregunta: ¿realmente necesito decirle a mi nevera que me traiga la leche? El dispositivo encabezó la lista de los peores productos del CES 2026, no por ser inútil, sino por simbolizar una deriva tecnológica que confunde innovación con exceso.

Detrás de esa puerta que se abre con un comando hay sensores, software, conectividad permanente. Y también, una pregunta incómoda: ¿cuántos datos estamos entregando a un aparato cuya función principal es mantener el yogur frío? No se trata de rechazar la tecnología, sino de cuestionar si cada avance resuelve un problema real o simplemente crea nuevos.

La vigilancia disfrazada de comodidad

El timbre inteligente de Amazon, otro de los galardonados en esta ceremonia satírica, incorpora nuevas funciones de inteligencia artificial en sus cámaras. Reconocimiento facial, detección de movimiento avanzado, integración con aplicaciones de terceros. Funcionalidades que, según sus defensores, aumentan la seguridad. Pero que, para otros, cruzan una línea más fina de lo que parece.

"La creciente gama de herramientas, como el reconocimiento facial, las torres de vigilancia móvil y las funciones de aplicaciones de terceros, corrían el riesgo de ser cada vez más invasivas" - Cindy Cohn, directora ejecutiva de la Electronic Frontier Foundation

La red de cámaras domésticas ya no es solo una herramienta individual. Se ha convertido en una infraestructura de vigilancia urbana no regulada, alimentada por la compra de dispositivos que prometen tranquilidad. Pero ¿qué precio pagamos por esa tranquilidad si nuestras calles se convierten en zonas de monitoreo permanente sin consentimiento colectivo? Chamberlain lo dijo con crudeza: "Las cámaras de tus vecinos probablemente sepan quién eres y sepan cuándo vuelves a casa, sepan qué estás haciendo, sepan cuándo sales de casa, cuándo vas a la tienda, sepan cuándo estás fuera de la ciudad. Eso es espeluznante".

La piruleta que suena y contamina

Y luego está Lollipop Star. Una piruleta electrónica que reproduce música al lamerla, gracias a la conducción ósea. Sí, al lamerla. El concepto suena como una broma de ciencia ficción mal escrita. Pero es real. Y lo más preocupante no es su diseño estrambótico, sino su impacto ambiental.

Dos pilas desechables que duran apenas una hora. Plástico de un solo uso. Componentes electrónicos miniaturizados que nadie podrá reparar. Todo encapsulado en un producto que, por definición, se consume y se tira. Chamberlain y su equipo lo desmontaron en el suelo durante el evento: "Tiene dos pilas, un altavoz, una pequeña placa. Es mucha electrónica para algo que sólo va a durar una hora". No es un dispositivo, es un residuo programado.

Este producto resume una de las grandes paradojas del consumismo tecnológico: cuanto más inteligente es un objeto, más primitivo es su ciclo de vida. Se vende como novedad, pero en realidad es un paso atrás en términos de sostenibilidad.

Un concurso contra el progreso ciego

El 'Worst in Show' no es un evento oficial del CES. Sus jueces no están vinculados a la Asociación de Tecnología de Consumo. Y eso es precisamente lo que le da valor. Es una voz independiente que desenmascara el espectáculo tecnológico cuando este se desvía hacia lo ridículo, lo invasivo o lo insostenible.

Sus premios no son trofeos de oro, sino advertencias camufladas de humor. Denuncian tecnologías que menoscaban la privacidad, la seguridad, la posibilidad de reparar y, sobre todo, el sentido común. En un mundo donde cada objeto parece necesitar una actualización de software, este concurso recuerda que no todo lo que se conecta mejora la vida.

El CES 2026 pasará. Las novedades de este año se volverán obsoletas en meses. Pero la reflexión sigue vigente. Porque la verdadera innovación no se mide en megapíxeles o en conectividad, sino en si un dispositivo nos hace más libres, más seguros, más conscientes. O si, simplemente, nos convierte en clientes de un futuro que nadie pidió.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía