La Gran Manzana

La discusión sobre si se puede considerar periodista a un blogger, sobre si la actividad blogosférica es periodismo, no sólo se remonta a la génesis misma de esta nueva herramienta de publicación, sino que ha supuesto, sigue suponiendo y supondrá sin duda alguna durante largo tiempo uno de los máximos centros de atención en artículos y congresos del entorno mediático.

Una de los sucesos más esperados por aquellos que tienen un interés especial en la resolución de este conflicto es el juicio de Apple contra tres bitácoras por divulgación de secreto empresarial. Apple exige que estos bloggers revelen sus fuentes, mientras éstos se niegan en redondo. Estamos, pues, en principio, ante una de las piedras angulares del derecho a la información, la protección de las fuentes, y de lo que resuelva la Justicia en este caso puede depender en gran medida la inclusión de los bloggers en el seno del periodismo o su exclusión.

En una vista preliminar celebrada el pasado 5 de marzo en el Tribunal Superior de Santa Clara, el juez James Kleinberg dictaminó que la denuncia de Apple contra ThinkSecret, AppleInsider y PowerPage eran legítimas, y que las leyes californianas de protección de prensa no eran extensibles a la blogosfera. Aun siendo una resolución preliminar, lo que en España podría equivaler a la admisión a trámite de una querella, la estimación judicial dio la vuelta al mundo pues significaba una vuelta de tuerca, y en este caso legal, en tan ardoroso debate. Según Kleinberg, los bloggers no son periodistas. Y se volvió a armar.

Sin embargo, enfrascados en los ecos de esta resolución preliminar, ha pasado casi desapercibida la vista celebrada este pasado viernes, 11 de marzo, y en la que la situación judicial de la relación periodismo-blogosfera ha dado un giro de 180 grados: el juez Kleinberg ha cambiado su postura y ahora, sin entrar en las leyes de protección de prensa, dictamina que el derecho de Apple a proteger sus secretos de fabricación pesa más que el derecho a la información y el derecho de los bloggers a publicarlo.

Es decir que ahora el juez iguala a bloggers y periodistas (suscripción gratuita), pero en lo malo. Es decir, primando el derecho al secreto empresarial sobre el derecho a la información. Y aquí entra la paradoja: la decisión es pésima para el periodismo en general, pero es excelente para los defensores de la blogosfera como plataforma periodística, aun cuando su contenido es claramente negativo.

Klinberg sustenta su veredicto en dos aspectos importantes:

1) La propiedad robada es equiparable a la de cualquier artículo físico, tal como la información contenida en un disco duro:

“Stolen property, just as any physical item, such as a laptop computer containing the same information on its hard drive (or not) would be”

2) Definir quién es periodista resulta muy complicado a la vista de la variedad de medios de comunicación. Pero incluso si los acusados son periodistas, esto no equivale a un cheque en blanco.

“Defining what is a ‘journalist’ has become more complicated as the variety of media has expanded. But even if the movants are journalists, this is not the equivalent of a free pass.”

Es decir, no voy a negar que los bloggers sean periodistas, pero incluso siéndolo han cometido un delito de difusión de secreto empresarial. Lo que equivale en la práctica a un reconocimiento tácito del blogger como periodista.

Algo que Apple se ha apresurado a utilizar para lavar su imagen como enemiga de los bloggers: ¿Ven? Lo nuestro no va contra la blogosfera, sino con esos bloggers adscritos al pérfido periodismo internacional (interpretación personal algo más que libre e irónica):

“There is no license conferred on anyone to violate valid criminal laws.” (Steve Dowling, portavoz de Apple).

Y digo yo, tras esta victoria pírrica, ¿hay algo que celebrar? ¿Estamos ante un antecedente lastimoso de la consideración formal de la blogosfera como periodismo? ¿O ante una patada en el culo de la blogosfera al periodismo en general? ¿Alguien tiene algo que opinar?

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