No, no me he vuelto loco (más de lo que estoy, digo). Sí, sé que Firefox es un programa gratuito y de código abierto. Pero el titular es totalmente cierto, por más que le pese a ésos que andan últimamente a la caza y captura del gazapo ajeno. Amigos míos, estamos ante una de esas anécdotas que habrá que tener siempre a mano para alegrarnos el día o para ilustrar la ignorancia y la sinrazón que acompañan a los esbirros del sector duro del copyright. ¿Qué pensarían si les dijera que una oficina antipiratería del Reino Unido contactó recientamente con Mozilla para comunicarle que tenía identificados a varios usuarios que se dedicaban a realizar copias no autorizadas del popular navegador? Pues, eso, la risa.

De una pieza se quedó Gervase Markham, de la Fundación Mozilla, al escuchar leer el correo de una señorita que le interpelaba al otro lado del teléfono aseguraba: “Los hemos pillado, pueden ustedes dormir tranquilos”. Pero más pasmado se quedó aún cuando, tras explicarle que el programa es gratuito y de código libre, la confusa mujer le exigió que se identificara y le espetó algo así como: “¿Software libre? ¡Ustedes no pueden hacer eso!”.

Markham lo cuenta con pelos, señales y mucha gracia en el Times Online, tanto el desconcierto de una señorita que no entendía nada:

“No puedo creer que su empresa permita que algunos ganen dinero con algo que ustedes ofrecen gratuitamente. ¿Es esto así? Si Mozilla permite la venta de copias de su software, es para nosotros prácticamente imposible hacer cumplir la legislación antipiratería británica”.

como lo que él mismo sentía mientras escuchaba:

“Me sentí algo acobardado al ser señalado como responsable de la desintegración del sistema de antipiratería británico. ¿Quién habría pensado que la repartición del software podría causar tales dificultades?”.

Un diálogo imposible. El diálogo entre el pasado y el futuro, en un presente convulso que, a pesar de todo, no nos priva de cosas tan divertidas como ésta.

Vía: Boing Boing

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