Sí, vale, casi todo vale (y valga la valgaundancia) en este mundo para prosperar, pero, oiga, que todo tiene un límite y ese límite proviene de algo que llaman ética u moral. ¿Que no? ¿Que le da a usted tanto 8 que 80? Pues, nada, le escribimos un post y nos quedamos todos la mar de anchos. Porque, si no, dígame usted en qué línea de conducta digamos más o menos cabal se puede encuadrar el siguiente hecho:

1. Una compañía, llamémosla Flipcorp, logra diseñar un CMS que ya estaba más que diseñado, llamémoslo WordPress (¿por qué me recuerda esto tanto a Les Luthiers?).

2. En un guiño cómplice a su ‘modus operandi’ va y lo llama Chameleon (karma karma karma…). Nombre que, por cierto, tampoco es muy original en este sector.

3. Para que no se note mucho de entrada, le añade unos cuantos plugins y le cambia un poco el ‘look’.

4. Como la cosa le gusta y la vida es más bella de lo que muchos piensan, decide comercializarlo al módico precio de 6.800 dólares (5.300 euros).

5. No contenta con los altos logros alcanzados, opta por violar la licencia GPL que acompaña al CMS original y suprimir el nombre original y a sus autores del subprograma en cuestión y de cuanta documentación acompaña a la criatura clonada.

6. Por un azar del destino, y mira que lo habían puesto difícil, alguien descubre la gracia y se arma la marimorena.

7. La compañía se defiende como puede, que está en todo su derecho, pero no parece convencer demasiado al personal. Asegura que sí reconoce que está basado en WordPress, pero lo cierto es que, como he señalado anteriormente, eso lo hace en los comentarios a una crítica, pero no en su web oficial ni en la documentación.

8. Tras mucho sopesarlo, llego a la terrible conclusión de que tampoco voy a poder comercializar Mangas Verdes como CMS 😛

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