Apenas quedan unas horas (hasta las 24.00 horas de hoy) para que se cierre la votación-discusión sobre el nombre definitivo del Partido Pirata Español, y lo cierto es que la cosa está bastante reñida, fundamentalmente entre la opción mayoritaria que defiende el nombre original y la segunda con mayor apoyo, que es la de Partido Internauta.

Mi postura al respecto es bastante clara: independientemente de otras consideraciones sobre aspectos fundamentales de la propuesta, si ha de existir una formación política de estas características, ha de llamarse ‘pirata’ por diversos motivos, entre los que destaca el hecho de que estamos ante la concreción en España de un movimiento internacional que ha decidido darle la vuelta a la tortilla y adoptar sin prejuicios el término pretendidamente despectivo con el que los talibanes del copyright han querido ‘demonizar’ la cultura libre para convertirlo en bandera y referencia orgullosa frente a un injusto sistema de rapiña en el ámbito de los derechos de autor.

Partido Internauta, por su parte, resulta inapropiado porque no define ni representa el ideario que se pretende: ni todos los defensores de la cultura libre son internautas ni todos los internautas son defensores de la cultura libre. Ni toda la cultura libre se mueve en Internet ni todo lo que se produce en Internet es cultura libre. Un Partido Internauta sería aquel que defendiese los derechos de usuarios y webmasters en múltiples aspectos relacionados exclusivamente con la Red, pero en el que la cultura libre sería, en el mejor de los casos, una parte del programa. En el Partido Pirata la cultura libre es el programa en sí mismo.

Pero quizá lo que más me ha llamado la atención del debate ha sido la carga vergonzante que el término ‘pirata’ tiene para algunos defensores españoles del copyleft, dando por buena ya de entrada la interpretación ideológica del ‘enemigo’ y sometiéndose a ella para renegar de un nombre que es reivindicado con descaro, rebeldía e irreverencia por los defensores de la cultura libre en todo el planeta.

Y puede ser, quizá, que la raíz psicológica de esta postura se encuentre en la asunción inconsciente del sentimiento histórico español de que los piratas eran unos señores muy malos que robaron todo el oro que venía de Sudamérica. ¿Defensores de la cultura libre que hacen suya la visión peyorativa de la más rancia tradición nacional-imperialista? Pues bien, debemos recordar que, si lo queremos mirar de una forma algo más objetiva, los piratas fueron aquellos señores que se dedicaron a robarle al ladrón, es decir al Imperio que despojó a los países latinoamericanos de gran parte de su riqueza a golpe de sangre y espada. Y, en esta tesitura, la metáfora del pirata me parece aún mejor.

Recordemos que hasta no hace mucho tiempo ‘comunista’, ‘masón’, ‘lesbiana’ o ‘negro’ eran también términos despectivos. ¿Cuántos comunistas, masones, lesbianas o negros se avergüenzan de ello?

Y, vale, puede que el de ‘pirata’ no sea el mejor nombre (no cabe duda de que ‘élfico’, ‘heroico’ o ‘inmaculado’ suenan mucho mejor), pero mucho me temo que, hoy por hoy, es el único posible. En cualquier caso, tenga el invento el nombre que tenga, nadie lo va a librar de una campaña de acoso y desprestigio de las que marcarán época.

En ésta, como en otras muchas cosas, estoy también con Sabina:

“Pero si me dan a elegir
entre todas las vidas, yo escojo
la del pirata cojo
con pata de palo,
con parche en el ojo,
con cara de malo,
el viejo truhán, capitán
de un barco que tuviera
por bandera
un par de tibias y una calavera”.

En sentido figurado, claro está 😉

Actualización (28 jul-10.10 h): El nombre de Partido Pirata Español ya es oficial.

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