Sí, yo también acabo de frotarme los ojos. Lo ha escrito Pedro Farré (SGAE) y lo ha publicado ‘El País‘ sin rubor alguno por ambas partes:

“La posibilidad de copiar una obra para uso personal y privado no es un derecho del consumidor, sino una limitación al derecho exclusivo que corresponde al autor para autorizar o no la reproducción de su obra. Debemos tener en cuenta que esta práctica sería ilegal si no fuera porque, como sucede hoy en día, la autoriza la Ley, siempre y cuando se compense al creador por los ejemplares de su obra que no se van a vender y, por tanto, los ingresos que él no va a percibir dado que la copia, no nos engañemos, a menudo sustituye a la compra de un cd o un dvd de música o cine”.

Pues, claro. Y matar sería legal si no fuera porque lo condena la Ley. Y bailar sería ilegal si no fuera porque lo autoriza la Ley. Y respirar también. Inaudito.

El artículo, que va dirigido principalmente a la defensa del canon, es todo un ejercicio de prestidigitación literaria. Por un lado, y en su empeño de situarse por encima del marco legal constituido, comienza negando al consumidor un derecho a copia privada reconocido y protegido por nuestra legislación para más adelante soltar la perla que da título al post. Pero, eso sí, como ese derecho que no existe sí existe porque la Ley es así de ilegal, entonces hay que pagar un canon que sí existe porque la Ley es así de legal.

Lástima que en lo que al canon se refiere la Ley tampoco le dé la razón.

Con esta introducción, no sé yo si recomendarles la lectura completa del artículo, salvo que quiera usted redescubrir a un nuevo Kafka o pasarse un rato divertido desguazando este texto incongruente que bien podría haberse titulado ‘Farré en el país de sus maravillas’.

Actualización (16 ene-16.51 h): Si quieres saber lo que se piensa de la SGAE desde su propio seno, no te pierdas las declaraciones de Eduardo Gómez (vía: Escolar).

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