El tiempo, el implacable

Algunos, desde luego, lo necesitamos: tiempo extra, más, mucho tiempo para atender todas nuestras actividades sin restarle demasiadas horas al sueño. Y ahora la Nasa sale en nuestro auxilio financiando un estudio cuyas conclusiones ponen de manifiesto que es posible instaurar el día de 25 horas, es decir robar una hora más a la jornada oficial de 24 horas. La propuesta no supone ninguna locura, si tenemos en cuenta que el tiempo es un concepto abstracto cuya concreción depende de los fundamentos que aplique el ser humano para ‘controlarlo’. Así tenemos, por ejemplo, que si bien los babilonios ya implantaron el sistema de 24 horas hace unos 6.000 años, en épocas no tan pretéritas, a finales de siglo XVIII, se llegó a instaurar en Francia un calendario de 10 horas diarias, siguiendo de forma estricta el sistema decimal: 10 horas compuestas de 100 minutos y cada uno de ellos, de 100 segundos.

Pero, a lo que vamos. La investigación, dirigida por Carlos Czeisler, director de la División de Medicina del Sueño de Harvard, y jefe de la División de Medicina del sueño en el Brigham de Boston, entre otros cargos, se centró en 12 jóvenes sanos (con una edad media de 28 años) que se ofrecieron a pasar 65 días en cuartos individuales sin ventanas, relojes, o cualquier otra herramienta que pudiera delatar el tiempo.

Antes de comenzar el experimento, se logró que los voluntarios durmieran ocho horas cada noche de forma regular durante, al menos, tres semanas. Luego, ya en plena fase de experimentación, los investigadores fueron ampliando el tiempo de luz progresivamente hasta conseguir que los jóvenes vivieran un ciclo de 25 horas diarias durante un mes, sin que afectara para nada a su rendimiento ni a su integridad físical o mental.

Una vez concluido el experimento, los participantes retomaron durante tres días el sistema normal de 24 horas para su readaptación.

Las investigación, que en principio iban dirigidas a comprobar si los astronautas que en un fututo puedan viajar podrían soportar una jornada de 25 horas (un día Marciano dura 24.65 horas terrestres), se demostró relevante también de cara a gente con desórdenes horarios y de sueño, como trabajadores con jornadas irregulares o personas que paden insomnio u otros desórdenes del sueño.

Y, en principio, también aplicables al resto de los mortales, como quedó demostrado en el período de investigación.

Ahora bien, espero que si algún día se aplica esta solución, por ahora de ciencia-ficción, sea para incrementar el bienestar de la ciudadanía y no para incrementar la jornada laboral (estaría bueno, después de tanta lucha por rebajar las hora semanales). Es decir, que esa hora sea administrada por la propia persona para invertirla en lo que mejor convenga: dormir, pasear, Internet, escribir, trabajar o lo que le parezca… Entonces, no me parecería mal, sino todo lo contrario.

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