Los seis modelos de comercialización de la música

Excelente artículo (indispensable diría yo para músicos, usuarios y hasta para cualquier tablibán del copyright dispuesto a aprender) de David Byrne en Wired: ‘Estrategias de supervivencia para nuevos artistas‘. En él, el líder de Talking Heads realiza un profundo análisis de la industria musical y de las alternativas que las nuevas tecnologías y la nueva sensibilidad ofrecen a los músicos. Fue publicado el pasado 18 de diciembre y su lectura es recomendable al cien por cien. Sus conclusiones, de lo más clarividentes y en sintonía con nuestro pensamiento:

“Lo que llaman negocio de música, no es hoy sin embargo el negocio de crear música. En algún punto del camino se transformó simplemente en el negocio de vender CD en estuchitos de plástico, un negocio que tiene los días contados. Pero esto no es una mala noticia para la música, y tampoco lo es para los músicos. En realidad, con todas las vías que se han abierto para llegar a la audiencia, nunca hubo tantas oportunidades para los artistas”.


Para ilustrar su análisis, Byrne enumera los seis modelos de comercialización que tienen hoy día en sus manos los creadores, frente al modelo único que imperaba hace apenas unos años. Aquí van enumerados de menor a myor control por parte de los músicos:

1. Modelo 360 o de acuerdo justo: Ceder a un promotor (manager, productor…) los derechos de comercialización a todos los niveles: discos, conciertos, merchandising…, según un contrato particular entre ambos.

2. Modelo tradicional: dejar todo en manos de la industria y recibir a cambio pequeño royalties por las ganancias.

3. Modelo de licencia limitada: similar al anterior, pero por tiempo determinado, normalmente uno siete años. Al concluir, todos los derechos generados vuelven a ser propiedad de artista.

4. Modelo de reparto de beneficios: acuerdo puntual para lanzamientos determinados. Alguien te apoya (financia) y se establece una distribución de las ganancias.

5. Acuerdo de fabricación y distribución: el músico hace todo, menos lógicamente fabricar y distribuir el producto.

6. Autogestión: el músico es el dueño absoluto de su obra. Graba, promociona y distribuye personalmente su trabajo sin intermediarios, en conciertos, circuitos alternativos o Internet.

Modelo este último, añado yo, que sirve no sólo para comercializar, sino para ofrecer tu obra según la licencia que prefieras, incluido el copyleft.

Lo dicho, más allá de este resumen se impone la consulta del artículo general, muy bien estructurado y argumentado, y con bastantes gráficos de apoyo. Indispensable, reitero.

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Vía: Slashdot

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