Acabamos de cerrar en la Redacción y ya me encuentro en disposición de dejarles por aquí mis primeras impresiones sobre los resultados de las elecciones generales de 2008. Desde luego, dan para unos cuantos titulares y son muchos los datos que hay que tomar en consideración, pero éstos son algunos de los que considero más destacados:

– El PSOE revalida su victoria y crece ligeramente

– El PP revalidad su derrota y crece ligeramente también

– El PSOE pierde distancia en votos frente al PP (algo más de 300.000 votos)

– IU y el nacionalismo de izquierdas se hunden, en parte por el voto útil y en buena parte, sobre todo en el ámbito nacionalista, por la abstención

– El nacionalismo de derechas parácticamente ni se inmuta: el PNV gana pierde uno, pero CiU gana otro (disputado hasta última hora con el PP)

– Unión Progreso y Democracia, de Rosa Díez, irrumpe en el Congreso

– Eusko Alkartsuna y Chunta Aragonesista salen del Parlamento

– Coalición Canaria pierde un diputado y no tendrá grupo parlamentario

– ETA no logra variar la intención de voto de los españoles

Puedes ver toda la información en el excelente gráfico que abre el post y que ha elaborado el equipo de Soitu.

Conclusiones: Puedes ver una primera impresión desarrollada en mi columna en canarias7.es, pero a groso modo, son las siguientes:

– PSOE y PP crecen, pero ni otro logran sus metas. La del PSOE, evidentemente, la mayoría absoluta tradicional de la que gozaban los partidos que lograban una segunda victoria consecutiva desde la época de Felipe González; y el PP, por supuesto, la de gobernar.

– Para Zapatero, el revés de tener que depender de pactos en un Parlamento en el que la izquierda pierde peso específico, es todo un hándicap. El mensaje del electorado es el de moderación, y el PSOE deberá acercarse ahora más a la derecha nacionalista, especialmente a CiU, en detrimento de otras opciones. Contar sólo con los partidos de izquierda le daría un paupérrimo apoyo de sólo dos diputados sobre la mitad, y eso suponiendo que IU y la izquierda nacionalista estén dispuestas a seguir apoyándolo en igual medida una vez visto lo mal que le ha ido en las urnas este apoyo.

– ZP tiene ante sí un difícil reto, mucho mayor desde luego que si gozara de una mayoría absoluta. Pero por ese mismo motivo opta también a romper el ‘maleficio’ de los ocho años de gobierno. Me explico: las mayorías absolutas han supuesto, tanto para González como para Aznar, el principio del fin de sus proyectos. La soberbia y el desprecio hacia el resto de formaciones provocaron sus caídas. Si ZP es capaz de sacar adelante esta legislatura, corrigiendo errores, repitiendo aciertos, evitando el cáncer de la corrupción, asegurando alianzas y manteniendo el aislamiento del PP con respecto al resto de partidos, se encontraría de aquí a cuatro años en la mejor disposición de volver a ganar las elecciones, y puede que entonces, sí, por mayoría absoluta.

– Rajoy no es el líder que necesita el PP para reconquistar la Moncloa. Los apenas cuatro o cinco diputados recuperados no le sirven para nada, salvo para incrementar su peso en la oposición. Muy poca renta para un partido que pretende ser alternativa. Salvo sorpresa mayúscula, el relevo está cantado y se producirá en apenas unos meses, como mucho. La lucha por la sucesión está servida.

– España no es hoy más bipartidista que ayer, aunque tampoco lo es menos. El número de formaciones distintas al PP y al PSOE se ha reducido en sólo una. Desaparecen dos, pero aparece otra. Puede que PSOE y PP acaparen algunos votos más, pero esto me parece simplemente coyuntural y con antecedentes en la historia de la democracia.

– El patetismo de Llamazares al frente de IU, entregado en cuerpo y alma a las tesis del PSOE, le ha pasado una cara factura. Ha dimitido, pero poco antes de que lo echaran.

– A los españoles, asuntos como el canon, el P2P, las libertades en Internet o los ciberderechos los cogen aún un tanto de lejos. O, cuanto menos, no suponen razón suficiente para determinar su voto. En este sentido, el PSOE y los lobbies culturales que apoyaron su campaña tienen la manos libres para continuar e intensificar las medidas que salvaguardan sus intereses particulares en detrimento del interés general.

Por lo demás, muy poco que resaltar. A bote pronto, creo que asistiremos a una legislatura continuista, pero más moderada, lo que quizá pueda hacerle perder al PSOE algunos votos de la izquierda radical, pero le asegurará los del espectro centrista, que tienen un mayor peso en las urnas. Al PP no lo queda otra que moderarse también y acabar con su línea de crispación, en un intento de ocupar también ese espacio de centro. Puede que los partidos de izquierda e izquierda nacionalista, tan maltratados en estos comicios, reconduzcan su estrategia y opten por la confrontación o un apoyo más crítico al Gobierno para recuperar parte de su electorado, pero en cualquier caso, no podrán influir de manera decisiva y como antes en la política socialista: a ZP le basta con el apoyo de CiU para gobernar tranquilamente y de forma holgada durante los próximos cuatro años.

La pregunta, más bien, sería: ¿Habrá cambios en el Gobierno catalán?

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