No lo había relacionado hasta ahora, pero al ver este titular:

Carla Bruni no vende su disco y además es acusada de plagio

la cosa me ha quedado meridianamente clara: a Sarkozy se la traen más bien al pairo los creadores, los derechos de autor, las sociedades gestoras y la industria. Su batalla contra el P2P y la cultura libre es algo personal. Una muestra de amor hacia su ‘talentosa’ Carla. Un caprichito que vamos a tener que pagar los ciudadanos de esta vieja Europa, bien con dinero, bien con la merma de derechos.

Por cierto, aunque a mí eso de acusar a alguien por el plagio de un título (!?) me parece un tanto metafísico, no está de más que Sarkozy sienta en sus carnes más próximas el sabor de una acusación por piratería.

El amor es ciego. Y reaccionario, en según qué ocasiones, como se puede ver.

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