Desde que hace un año decidiera hacerme con un Nokia N95, en lugar de esperar el por entonces aún inexistente iPhone en el mercado español, no he tenido más que satisfacciones: es versátil, robusto, perfecto para cualquier tipo de comunicación on y offline, preciso, sincroniza de maravillas con mi Mac, vídeo decente y fotografía de muy buena calidad, es mi reproductor mp3, mi PDA, mi miniconsola de videojuegos, mi navegador portátil, mi herramienta de correo… casi el anhelado gadget todo en uno. Y libre. Sin retorcidos ni abusivos planes de conexión.

La irrupción del iPhone poco después no sólo no rebajó esa fidelidad que ya se había ganado el aparatejo, sino que la incrementó notablemente. Del iPhone envidiaba sólo la pantalla táctil, pero desde luego eso no es un argumento de peso para optar por uno u otro terminal.

Por eso, cuando hace unos meses fue presentado el N97 me dije: bien, el iPhone tendrá que esperar otra vez. Teclado deslizante QWERTY, pantalla tactil de 3,2 pulgadas a 640 por 360 px con doble formato (16:9 en posición horizontal), batería mejorada, la clásica doble cámara fotográfica (una de andar por casa y otra, genial, de 5 megapíxeles y óptica Carl Zeiss Tessar y flash de doble LED, con apertura f2.8, que también permite grabar vídeo a 30 fps), 32Gb de memoria con posibilidad de expandirla a 48Gb, HSDPA, Wifi, GPS, brújula electrónica, USB, conexión a TV y sistema operativo Symbian S60, entre otras cosas. Vamos, una pasada.

Ahora se anuncia que, además, el N97 traerá de serie Skype, con la posibilidad de usar el teléfono para llamadas VoIP (es decir, gratis), y eso ya inclina definitivamente, en mi caso (que pocas dudas tenía), hacia este nuevo artilugio que está a punto de entrar en circulación. Aunque eso sí, hay que ir con cuidado porque parece que Skype no estará implementado en el teléfono hasta bien entrado el año (se habla del tercer trimestre). Pero no tengo prisa. Sigo igual de contento con el N95.

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