No hay que esperar mayor confirmación. El nombramiento como ministra de Cultura de Ángeles González-Sinde en sustitución de César Antonio Molina certifica, por si al alguien le quedaba alguna duda, que la descarada defensa del interés particular de los lobbies de la cultura frente al general de la ciudadanía no es cosa de mala suerte, de la concepción personal de un ministro u otro, sino de la plasmación de una política gubernamental claramente contraria a la realidad de este siglo XXI.

Tres ministros tres han pasado ya por el Ministerio de Cultura en la etapa Zapatero, y los tres cortados por las mismas tijeras: la defensa a ultranza de los postulados de la SGAE y el de la criminalización de la ciudadanía. Carmen Calvo, César Antonio Molina y la ya bautizada como SINDEscargas. No puede ser producto ni de una inexplicable casualidad ni de un lapsus del Gobierno: es la constatación de su secuestro por parte de la industria y las gestoras de derechos de autor.

Un desprecio en toda regla al electorado y a las propias bases socialistas, que defienden en gran medida la cultura libre, pero también es la evidencia de que todo eso del socialismo 2.0, apuesta por las nuevas tecnologías o participación redes sociales no son más que zarandajas propagandísticas sin base ideológica o real alguna.

Pero, sobre todo, es la frustración de algo que muchos, todos los que abogábamos por un relevo en Cultura, teníamos en mente: la posibilidad de abrir de una vez por todas un diálogo en el ámbito de los derechos de autor que facilitara el progreso y situase a España como vanguardia cultural en el planeta. Ahora es imposible. El Gobierno, en esta materia, no quiere dialogar. Así de simple. Está más por la labor de pagar favores, aunque se olvida de que el mayor favor está en pagar a la ciudadanía, ésa que tiene la potestad de mantenerte o alejarte del poder.

Igual me equivoco, y la nueva ministra viene dispuesta a contracecir mis palabras. Pero parece harto difícil con declaraciones como éstas (vía Escolar):

Hay que organizar completamente la difusión y la copia de las obras. No puede ser que los vendedores de equipos y los fabricantes cuenten con todo el beneplácito y el apoyo de la sociedad y en cambio quienes generan contenidos se queden sin recibir dinero por su trabajo. Si pudiéramos entrar en los supermercados y llevarnos las cosas sin pagar sería una catástrofe. La piratería no la compensa el canon. ¡Sólo son unos céntimos! Mientras, el gran beneficiado es el que fabrica todos estos sistemas y el que vende la línea de ADSL. Y como los anglosajones van a seguir generando contenidos, la cultura en español va perdiendo espacio”.

Por cierto, una duda: si como ministro de Economía no se elige a un empresario, o de Defensa a un militar, o de Interior a un policía… ¿por qué en Cultura se elige siempre a alguien que es ‘arte’ y parte?

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