Aportación a la mesa redonda Periodismo 2.0, el periodismo que viene en iCities 2009:
“El periodismo está en crisis. O mejor dicho, en el seno del periodismo asistimos a dos tipos de crisis, de cortes bien distintos, independientes una de otra, aunque con estrechos vínculos entre sí.
Por un lado, tenemos la crisis de un modelo empresarial que no ha querido adaptarse ni evolucionar, y que ha sacrificado la calidad del producto en base a una política torpe, neoliberal y cortoplacista que ahora comienza a pasar factura. Es lo que se ha venido a llamar la crisis de la prensa.
Por otro lado, tenemos una crisis mucho más interesante, creativa y enriquecedora, que es la crisis del concepto de periodismo en sí mismo y que está protagonizada, fundamentalmente, por periodistas y ciudadanos. Es la crisis del modelo de comunicación”.
“Ambas son independientes o, quizá convendría mejor, decir autónomas, pues responden a intereses y dinámicas bien distintas. Mientras que en la primera es el modelo de negocio lo que está en tela de juicio, en la segunda es el modelo de comunicación. Mientras en la primera lo que se busca en conservar cuotas de rentabilidad, poder e influencia; en la segunda, de lo que se trata precisamente es de subvertir nociones, concepciones y prácticas. Mientras que para la primera, Internet y las nuevas tecnologías no son más que una excusa perfecta para su fracaso, para la segunda supone la materia principal de su expansión y desarrollo. Una pertenece al ámbito del pasado y se enmarca en la crisis general del sistema capitalista que afecta a la gran mayoría de los sectores productivos de la sociedad. La otra mira directamente hacia el futuro y se enmarca dentro de la gran revolución de las ideas que preside este inicio de siglo y milenio derivadas, en gran medida, como acabo de señalar, por los grandes avances tecnológicos y también por el hastío ciudadano con respecto al viejo modelo de comunicación.
Ambas están íntimamente relacionadas, pues el entorno corporativo está obligado a seguir muy de cerca el debate y el modelo empresarial tendrá que adaptarse, más tarde o más temprano, al nuevo modelo o nuevos modelos de comunicación que surjan de él. Del mismo modo que el debate sobre el modelo comunicativo se nutre, en parte, de los avances y retrocesos que se producen en los entornos corporativos.
Pero hasta ahí llega la relación. Ni las empresas están ya en disposición de determinar el modelo comunicativo, ni a periodistas y ciudadanos les resulta imprescindible ya la participación o pervivencia del entorno corporativo, al menos el vinculado a los medios de comunicación de corte tradicional.
Y eso es posible, entre otros muchos otros factores, pero con un papel muy destacado, gracias a Internet, una plataforma que ofrece, por primera vez en la historia, tanto en el campo de la comunicación, como de la creación, el comercio y tantos otros, la simplificación y acceso a los medios de producción, distribución y márketing, lo que otorga a cualquier periodista o ciudadano, en la práctica y en el campo que nos ocupa, la potestad de poner en marcha sin mayores problemas ni costos su propio medio de comunicación.
Por tanto, si de vaticinar el futuro del periodismo se trata, debo decir que, en el entorno corporativo, la pelota está en el tejado de las empresas del sector. El periodismo sin periodistas es imposible, sin buenos periodistas es una farsa y sin lectores, simplemente una quimera. Son tres parámetros, en mi opinión, indispensables para afrontar la necesaria reconversión. Tres ejes sobre los que debería gravitar cualquier plan de viabilidad y bajo los cuales subyacen elementos tan sensibles como la dotación de personal, las condiciones laborales, el respeto profesional, el afán comunicativo o la vocación informativa, entre otros.
En lo que al periodismo con mayúsculas se refiere, ése que busca su identidad más allá del entorno corporativo, si bien el formato o los formatos no están aún definidos, creo que los ingredientes sí están meridianamente claros: inmediatez, honestidad (no hablo del mito de la objetividad), multidireccionalidad, multimedia, imbricación con los medios ciudadanos (redes, blogs, servicios…) y especial atención a los intereses generales de la ciudadanía. Todo esto, desde luego, como resultado de la relación dialéctica con sus ‘contrarios’: inmediatez frente a calidad, honestidad frente a sostenimiento económico (publicidad, grupos de presión, ,alianzas…), multidireccionalidad frente a autoridad (investigación, documentación, rigor), multimedia frente a adecuación del medio al mensaje, imbricación con la web 2.0 sin perder el norte, e intereses generales de la ciudadanía frente a estrategias editoriales.
Un futuro que, en este ámbito, no puede deparar más que progreso y fórmulas que nos hagan avanzar en este apasionante proceso de la comunicación. Un futuro que, como ya he comentado, no pasa necesariamente por los entornos corporativos heredados del siglo anterior.
En un marco en el que cualquier persona es capaz de montar su propio medio de comunicación en cuestión de segundos, las actitudes conservadoras y predadoras están condenadas a la extinción.
La política del despido sistemático propicia el surgimiento del periodismo de autor, es decir del periodismo personal o grupal como estrategia de pervivencia. La merma en la calidad propiciada por las miserables condiciones laborales conlleva la estampida de unos lectores que encuentran lo mismo o mejor en cualquier página web. La renuncia a afrontar de manera decidida la revolución tecnológica e implicarse con todas sus consecuencias en la Red no puede tener otro destino que el estancamiento. Y todo esto junto provoca el crack publicitario, de ingresos e inversión. Es decir, un suicidio en toda regla.
Así, podemos asistir en breve a la paradoja de ver materializarse el mejor modelo de comunicación que jamás ha ideado el ser humano al tiempo que se produce la debacle de todo el entramado corporativo que ha venido manejando históricamente el sector. Las oportunidades siguen abiertas, pero cada vez son menos y el tiempo suele ser implacable”.
Esta mesa fue compartida con Rosa Jiménez Cano, Nacho Escolar, Fernando Jáuregui y Juan Luis Sánchez, en calidad de moderador.
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{ 10 comentarios }
“no hablo del mito de la objetividad”
Para mí no es ningún mito, es un fin. Unas veces se logrará más y otras menos, pero siempre la tengo en mente.
Cuando incorporo opinión a la información procuro que esté nítidamente separada, como con los contenidos extractados en mis reseñas -poniendo casi siempre al autor del artículo periodístico o la agencia de noticias.
Ese es el mal que detecto en la grandísima mayoría de periodistas y bitacoreros centrados en temas más o menos informativos: mezclan información y opinión incluso en una misma frase!
Tal vez sea mi formación científico/técnica, pero me gustan las cosas claras, estructuradas, ordenadas… para facilitar la asimilación de los contenidos, evitando un lenguaje florido (entendible y valorado en columnas meramente opinativas -para quien las lea).
PD: la calificación de neoliberal sobraba, en mi entender. No es cuestión de ideología sino de incompetencia profesional.
Todos aquellos que se limitan a aportar datos sobre la economía española sin entrar en su valoración en la misma noticia. En mi caso, las opiniones suelen ir en los comentarios a dichas reseñas. O de aparatejos electrónicos.
En mis seguimientos de sumarios RSS hay pocos que se centren en la opinión, pues me aburren.
Otra cosa es la información estrictamente política, pero suelo evitarla.
Para mí ha sido incompetencia gestora principalmente, pero tampoco es mi negociado. Poner esos adjetivos políticos en una exposición profesional no creo que añada valor, mas bien le resta. Pero allá cada cual.
¡Por fin! Te lo enlazo. Que no pase desapercibida “Un futuro que, como ya he comentado, no pasa necesariamente por los entornos corporativos heredados del siglo anterior”. Quizás se parezca al modelo americano en el que se busca que todos aporten valor (porque si no llega otro que lo hace y te damos puerta).
A ver si me explico mejor en cuanto a lo de neoliberal. ¿Te imaginas en una exposición científica sobre ¿calentamiento global? utilizar términos ideológicos? Quien lo hiciese sería mirado con desconfianza por el resto de la comunidad científica.
Evidentemente la objetividad nunca se alcanza del todo, pero tal ha de ser el fin. Para otros el fin es manipular, tergiversar, vender una ideología y no propiamente informar desde el máximo rigor posible, sin entremezclar información con opinión, que es el verdadero mal.
totalmente de acuerdo. Ya hace poco más de un año que utilizamos la fórmula de la proximidad como base fundamental para llegar donde los grandes medios hasta ahora ni han querido ni han podido: el ciudadano y su entorno más immediato. Se puede ser grande siendo pequeño. El futuro está ahí.
Ahora mismo, en el blog de noemí i albert: A treballar!
@maty: si me encuentras un artículo en un medio de comunicación o en tus posts que se pueda tildar de ‘objetivo’, habrás dado un paso importante para convencerme. Lo de neoliberal no sobra en absoluto, pues es la política económica que ha marcado el curso del modelo empresarial periodístico en las últimas décadas.
Un saludo.
@maty: los datos sobre la economía española son tan manipulables como cualquier otra información y, de hecho, no hay más que ver los que dan el PP o el Gobierno, o los que publican ‘El País’ o ‘El Mundo’. E tu caso, tampoco eres objetivo, ya que das tu opinión para mostrar tu parecer sobre las reseñas. Ni siquiera los aparatejos electrónicos se libran del gusto o los intereses de cada cual.
Un saludo.
@maty: sé que tu objetividad te impide que llamemos a las cosas por su nombre, pero el neoliberalismo es una doctrina político-económica. Y no lo digo yo, lo dice cualquier manual de economía contemporánea. No sé por qué lo llamas ‘adjetivo político’. ¿Conoces algún modelo político que no lleve aparejado un modelo económico o viceversa? En este caso concreto es tal la evidencia que no entiendo siquiera la motivación de tu reticencia.
Un saludo.
@maty: de hecho, en el debate sobre el calentamiento global, los científicos achacan a la voracidad de sistemas neoliberales y socialistas (como el chino) buena parte del problema.
Precisamente, cuando hablo de honestidad, me refiero a que la ideología, que siempre se trasluce, no lleve a distorsionar la realidad de forma intencionada. Creo que hablamos de lo mismo, aunque tú das por hecho que se puede ser objetivo al 100% y yo no. Se puede ser honesto, pero no objetivo.
Un saludo.
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