Vía Netoratón descubro la ilustrativa iniciativa de la compañía petrolera brasileña Petrobras, investigada por el Parlamento por presuntas irregularidades, que ha decidido tomar el protagonismo informativo en su crisis a través de un blog, en detrimento de los medios de comunicación tradicionales. Tamaña osadía ha sido, naturalmente, muy mal recibida por los medios, que han visto cómo la ciudadanía podía acceder directamente a las informaciones de la compañía sin tener que pasar por el tamiz de los ‘mass media’, tamiz que incluía no sólo información pura y dura sino, como es habitual, toda una parafernalia comunicativa en la que la opinión más o menos fundamentada actuaban también como monedas de cambio.

Resulta, desde luego, un claro ejemplo de cómo se debe afrontar una crisis y también de cómo el periodismo tradicional puede perder el escaso espacio informativo que le queda si no se decide a apostar, de una vez por todas, por eso… por el periodismo. Pero allí donde muchos ven una constatación de que la muerte del periodismo está a la vuelta de la esquina, yo veo una ocasión perfecta para señalar los factores ineludibles para su supervicencia.

Para que una estrategia empresarial de estas características triunfe precisa fundamentalmente de los siguientes elementos:

– Transparencia absoluta

– Información veraz

– Mecanismos de respuesta inmediata

– Capacidad de autocrítica

– Conversación con el ciudadano

Desde luego, no basta con abrir un blog, sobre todo si lo que se pretende es mentir como un bellaco, pues la propia Red o los periodistas se encargarían de poner las cosas en su sitio y el remedio sería peor que la enfermedad. Tampoco sería suficiente abrir el blog y emitir notas de prensa, sin posibilidad de comentar o haciendo caso omiso a los comentarios. Ha de ser una herramienta viva, dirigida a clarificar aquellos aspectos que se hallen en tela de juicio y a neutralizar los ataques interesados de sectores políticos, económicos o mediáticos (o, lo que suele ser normal, de una alianza de los tres a la vez) que puedan estar alimentando el problema. El simple hecho de abrir un blog, de conversar y de dar respuestas veraces y argumentadas puede significar un 50% de la solución del ‘affaire’.

Pero, ¿significa eso anular la acción periodística, anular el periodismo, el fin del periodismo? En absoluto, sólo sería el fin del mal periodismo (el de agencias, de corta y pega, de dimes y diretes…) o de una ofensiva mediática movida por intereses y sin base real. Incluso en este caso, el periodismo, el bueno, el que sea capaz de combinar lo mejor de la tradición y de la nueva era de la información, sigue teniendo todo un amplio espacio para ejercer con éxito su labor:

– Seguimiento: no olvidemos que hay abierto un proceso parlamentario que habría que seguir muy de cerca, al igual que habría que seguir de cerca la información publicada en el blog del afectado, así como la proveniente de cualquier fuente o documento relevante para la resolución del caso.

– Documentación: recabar y publicar todo tipo de datos sobre la empresa, el o los denunciantes, las personas que integran la comisión parlamentaria, la composición política de éste, las conexiones empresariales y políticas, los casos anteriores, las características propias del caso, precedentes, cómo afecta… En fin, todo aquello que sirva para que el lector comprenda el caso y sea capaz de seguirlo

– Contraste: cada información generada por cualquiera de los cuatro agentes señalados (Parlamento, compañía, fuentes, documentos) en el punto anterior, tendría que ser contrastada, confirmada o desmentida, trasladando el debate ‘secuestrado’ por el blog al propio medio de comunicación.

– Investigación: en estos casos, y con todos los matices que queramos, siempre hay una pregunta fundamental: ¿delinquió X?, y dos respuestas básicas: sí o no. El periodista habrá de investigar con todos los medios a su alcance, y en base a las datos aportados por las acciones señaladas en los puntos anteriores, para intentar dar con una de esas dos respuestas y actuar en consecuencia. Demostrar que se delinquió o revelar que no lo hizo y, quizá, que todo es producto de un montaje protagonizado por tal, cual y pascual.

– Editoriales y opinión fundamentada

– Blog específico sobre el caso: contraataca o morirás

– Conversación con el lector: en el blog, en los comentarios, a través de Twitter, grupo en Facebook, canales en YouTube, Flickr…

Éstos son sólo algunos de los puntos más sobresalientes pero, en definitiva, cabe todo aquello que aporte valor, permita la comprensión más amplia posible de la noticia e interconecte con el ciudadano. Todo, desde luego, menos el pataleo y el llanto por el poder perdido. Todo, claro está, siempre y cuando no esté el propio medio involucrado, en su caso, en una campaña de acoso y descrédito contra la compañía. Entonces, todo lo dicho se vuelve, directamente, imposible.

Como dije antes, sólo hay dos posibilidades: que la compañía haya delinquido, y entonces el papel del periodista resulte determinante; o que la compañía no lo haya hecho y, entonces, a) si el medio no tiene intereses en el caso, su papel también resultaría determinante, o b) si se trata de una campaña orquestada, la compañía le habría asestado un golpe mortal.

Para esto, desde luego, es preciso contar con personal suficiente y cualificado (es decir, bien pagado), con el soporte técnico adecuado y con la sensibilidad 3.0 que requieren los nuevos tiempos. Ni en ajedrez ni en la empresa se suelen dar los milagros y, en ambos casos, la mejor forma de eludir un jaque es contar con las piezas, la chispa, la estrategia, el conocimiento y el talento suficientes no ya para sortear la amenaza, sino para revertir el ataque y acabar ganando la batalla.

Otro análisis interesante:

eConectados

Share