neutrality

He seguido con atención las reacciones al discurso de Julius Genachowsk, presidente de la Comisión Federal de las Comunicaciones del Gobierno de EEUU, acerca de las nuevas reglas que la Administración Obama pondrá en marcha para garantizar la neutralidad en la Red. En líneas generales, han sido muy positivas, al menos en el ámbito hispano, y no puedo estar más de acuerdo con ellas en lo que al tema del que se trata se refiere, es decir el de la imprescindible neutralidad en la Red.

Sin embargo, parece que el mensaje viene con ‘letra pequeña’, con caballo de Troya incorporado para otro de los debates fundamentales que afectan seriamente también a las libertades y desarrollo de la Red: el de los derechos de autor. Una nota en Boing Boing alerta de esta ‘letra pequeña’ y de por dónde van los tiros del proyecto general para Internet del Gobierno estadounidense. En otras palabras, positivo sí, ‘ma non troppo’. Una de cal y otra de arena:

Este principio no impedirá a los proveedores de banda ancha gestionar razonablemente su redes. Cuando se produzca una congestión en la Red, por ejemplo, puede tolerarse que los proveedores se aseguren de que los usuarios de mayor tráfico no impidan el acceso a los demás. Y este principio no evitará los esfuerzos para lograr una experiencia digital segura y libre de spam o hacer cumplir la Ley. Es vital que las conductas ilegales sean acorraladas en Internet. Como expresé en la sesión de confirmación en el Senado, los principios de una Internet abierta se aplicarán sólo a contenidos, servicios y aplicaciones legales, no a actividades ilegales como la distribución de trabajos sujetos a copyright, que tiene serias consecuencias económicas. La aplicación del copyright y otras leyes pueden y deben coexisitir con la idea de una Internet abierta”.

¿Una Internet abierta poptenciando un sistema de derechos de autor cerrado, abusivo y caduco? ¿Una internet abierta que persiga al ciudadano y al P2P? EEUU vuelve a demostrar, como la práctica totalidad de los gobiernos occidentales, su servilismo y connivencia con el lobby de la industria cultural.

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