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Una película terminada, un reparto lleno de nombres conocidos y ni una sola copia a salvo. Fortitude, un filme ambientado en la Segunda Guerra Mundial con Nicolas Cage, Ben Kingsley, Matthew Goode, Ron Perlman y Michael Sheen, sigue inédita.
Detrás de ese vacío está Simon Afram, productor y guionista del proyecto, que ha demandado a Netflix ante un tribunal federal de California y reclama 105 millones de dólares. Afram sostiene que perdió la película después de invertir 45 millones y dedicarle siete años de desarrollo.
Netflix recibió los originales y después desaparecieron
La pieza más delicada del conflicto no está en el rodaje, sino en la custodia del material.
Netflix había asumido la distribución exclusiva por streaming y recibió los archivos originales de Fortitude. Más tarde informó del robo de varios discos duros en sus oficinas de Los Ángeles, unos soportes que contenían precisamente esos materiales.
Ahí aparece la contradicción que sostiene toda la demanda. La plataforma tenía la exclusividad para explotar la película, pero ahora el filme permanece fuera del alcance del público y su productor reclama una indemnización que más que duplica lo invertido en el proyecto.
Peor aún, los archivos no estaban cifrados. Eso significa que cualquiera que accediera a esos discos duros podía abrirlos, verlos, copiarlos, publicarlos o distribuirlos sin necesidad de una clave.
Un descuido técnico convirtió la pérdida en una amenaza mayor
No hablamos solo de un objeto robado, sino de una obra completa expuesta sin barreras. En la práctica, el valor de una película inédita depende tanto de su existencia física como del control sobre sus copias, algo que también ha quedado en cuestión en conflictos de producción recientes.
Netflix llegó a sospechar que los discos duros sustraídos podían haberse vendido como chatarra. La imagen resulta casi brutal por su contraste, porque siete años de trabajo y 45 millones de dólares pueden acabar reducidos al precio de metal al peso.
Sean Berney, director de películas originales de Netflix, aborda la posición de la compañía sobre el caso.
"No somos los propietarios de Fortitude, pero nos tomamos muy en serio la seguridad de los contenidos y hemos adoptado medidas posibles para apoyar al cineasta y a todo su equipo" - Sean Berney, director de películas originales de Netflix
La respuesta pública de la empresa no ha rebajado el enfrentamiento judicial. Netflix asegura que está siendo víctima de una extorsión decididamente hostil, una formulación que eleva aún más la temperatura de una disputa ya marcada por pérdidas, responsabilidades cruzadas y un estreno que nunca llegó.
Afram ya había llevado otra batalla al juzgado
Antes de este choque con Netflix, Simon Afram demandó en 2023 al productor ejecutivo Martin Scorsese. Aquel pulso no siguió hasta el final, porque ambas partes alcanzaron un acuerdo.
Ese antecedente añade otra capa a la historia. Fortitude no es solo una película invisible, también es un proyecto atrapado desde hace años entre grandes nombres, contratos de distribución y una cadena de conflictos que ha impedido que el público vea una sola imagen de ella, pese a compartir terreno con otros proyectos congelados de Nicolas Cage.
Al final, la cifra que resume el caso no son los 105 millones reclamados, sino los cero espectadores de una película terminada cuyos archivos originales acabaron en unos discos duros sin cifrar.