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Christopher Nolan ya ha llevado a los cines La odisea con Matt Damon al frente, pero una parte de la conversación más interesante no está en la taquilla ni en el reparto. Está en la distancia entre Homero y Hollywood, entre un poema antiguo lleno de capas históricas y una superproducción que no pretende comportarse como una edición comentada.
Joel Christensen pidió mirar la película con otros criterios
El pasado jueves, Joel Christensen, profesor de estudios clásicos y editor de The Oxford Critical Guide to Homer's Odyssey, fue al cine acompañado de otros eruditos.
Antes de entrar en el debate sobre fidelidad o licencia artística, Christensen colocó una advertencia útil para cualquiera que espere una adaptación escolar del texto griego. En esa tensión entre la obra original y su versión contemporánea está, precisamente, el núcleo del estreno.
"Mi esposa tuvo que contenerme varias veces. Todo el mundo sabe que soy el peor espectador para la película. Me he estado diciendo a mí mismo: 'Esta no es la Odisea de Homero. Esta es la Odisea de Nolan. Y debe juzgarse con otros criterios'" - Joel Christensen, profesor de estudios clásicos y editor de The Oxford Critical Guide to Homer's Odyssey
Esa idea desplaza la pregunta habitual. No se trata tanto de medir cada escena con una regla filológica como de entender qué clase de pasado quiere poner en pantalla una película pensada para entretener.
El consenso entre los expertos es que a nadie le importaba demasiado la libertad tomada con la obra original. La razón que domina esa lectura resulta bastante directa, porque la película nace como espectáculo para el gran público y no como una reconstrucción literal del poema.
La discusión sobre lo progresista acabó girando en otra dirección
No fue la fidelidad lo que más inquietó a Christensen.
Una parte de la polémica previa había girado alrededor de si Nolan iba a ofrecer una lectura woke o progresista del clásico. Christensen leyó la película de un modo casi opuesto y llevó la discusión al terreno de los papeles femeninos y del sentido real del reparto.
"Me preocupa mucho que gran parte de la conversación se haya centrado en lo 'woke' o progresista que iba a ser esta película. En realidad, creo que es una película muy conservadora. Los papeles para las mujeres son limitados. El reparto interracial se reduce a mujeres de color que simplemente se casan con hombres blancos, lo cual no es progresista" - Joel Christensen, profesor de estudios clásicos
Su objeción no discute solo quién aparece en pantalla, también discute cómo aparece. Ahí enlaza con un debate que ya venía orbitando el proyecto y que puede leerse junto a el debate sobre el reparto, donde el mito clásico vuelve a cruzarse con discusiones muy actuales.
Homero ya estaba lleno de anacronismos antes de llegar al cine
Aquí aparece una paradoja que suele incomodar al espectador más purista. Muchos reproches por anacronismo parten de la idea de que existe una versión cerrada, limpia y estable del pasado, cuando la propia tradición homérica nunca funcionó así.
"La cuestión es la siguiente. 'La Odisea' está llena de anacronismos. La poesía homérica contiene diferentes capas históricas. Lo importante es que la representación funciona como un vehículo para la fantasía del público sobre el pasado" - Joel Christensen, profesor de estudios clásicos
Vista así, la película no traiciona una pureza perdida, sino que prolonga una costumbre muy antigua. Cada época recompone a Ulises a su manera, igual que el cine recompone el regreso, la guerra y el hogar para una audiencia que mira el mundo con códigos distintos a los de un aedo.
Nolan, además, había situado esa ambición de gran relato en el centro del proyecto en su lectura del poema homérico. Christensen llega por otra vía a un punto parecido, aunque con menos épica promocional y más oficio crítico.
Al final, la fricción más reveladora no está entre verdad y error, sino entre dos formas de usar el pasado. Una busca la autoridad del texto y otra acepta que, incluso en Homero, la memoria ya venía mezclada con fantasía.