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La paradoja ya no se puede disimular. Adam Mosseri, responsable de Instagram, admite que la percepción de la inteligencia artificial entre los usuarios está empeorando y que ese malestar no ha tocado techo.
Lo dijo en el pódcast Colin y Samir, donde fue un paso más allá al matizar que la opinión sobre la IA “no solo está empeorando”, sino que “va a seguir empeorando”. No es una frase menor cuando llega de uno de los ejecutivos que más directamente lidia con creadores, audiencias y herramientas automatizadas.
"Creo que veremos más frustración y enfado, parte fundado, parte infundado, en los próximos años, y eso lo va a complicar para mucha gente, no solo en la industria" - Adam Mosseri, responsable de Instagram
Ese desgaste tiene varias capas. Mosseri enumera inquietudes muy concretas, desde la propiedad del contenido y el uso de ese material para entrenar modelos hasta la seguridad de los datos y la posibilidad de que la IA termine desplazando puestos de trabajo.
Al fondo aparece un miedo menos técnico y más humano.
"En el fondo se reduce al miedo a quedarse atrás de alguna manera" - Adam Mosseri, responsable de Instagram
La plataforma intenta ordenar una frontera cada vez más borrosa. En agosto actualizó las etiquetas de creador de IA para dejar claro cuándo un perfil ha sido generado con inteligencia artificial y no hay una persona humana detrás, una línea que también asomaba en perfiles que no se identifican.
Mosseri mantiene, aun así, una defensa nítida del uso de estas herramientas por parte de los creadores. Su idea sigue siendo “darle poder a las personas creativas” mediante la IA, aunque esa promesa conviva con una conversación pública cada vez más áspera sobre consentimiento, copia y control.
Ahí entra uno de los puntos más incómodos para cualquier red social basada en imágenes y vídeo. Instagram analiza qué hacer con los contenidos de IA que plagian obras originales de comediantes y artistas, un problema que se cruza además con debates previos sobre reutilización de imágenes públicas y uso de fotos públicas para crear material sintético.
Prohibir de forma general el contenido generado con IA, dice Mosseri, no es una opción. La respuesta que plantea va por otro camino y pasa por intentar llevar más tráfico a los creadores originales y por estudiar qué margen existe cuando un creador de IA plagia contenido de manera descarada.
También recuerda que Instagram ya dispone de una vía formal para reclamar por derechos de autor. Esa herramienta permite denunciar contenido robado y retirar material protegido, que es una solución conocida del internet clásico aplicada ahora a un escenario donde copiar ya no exige repetir una obra, sino rehacerla con apariencia nueva.
Hay una contradicción difícil de ignorar y está en el centro de todo. Mientras la empresa insiste en usar la IA para reforzar a los creadores, su máximo responsable reconoce al mismo tiempo que muchos usuarios miran esa misma tecnología con una mezcla de recelo, enfado y miedo a quedarse atrás.