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La pelea no está solo en quién crea los agentes de IA, sino en quién cobra menos cuando esos agentes empiecen a mover dinero. Joseph Chalom, consejero delegado de Sharplink y exejecutivo de BlackRock, calcula que esa competencia podría borrar casi una cuarta parte de las comisiones financieras globales de aquí a 2035.
Chalom pone una cifra al dinero que hoy se pierde en comisiones
Su equipo modeló 10 verticales financieras hasta 2035 y llegó a una estimación muy concreta. Los inversores ahorrarían 1,4 billones de dólares al año si los agentes fuerzan a bancos, plataformas y redes de pago a competir con más agresividad en comisiones.
Antes de llegar a ese punto, el modelo ya dibuja un vuelco importante para 2030.
Más de 1 billón de dólares de ingresos anuales en servicios financieros estarían en juego ese año, mientras los consumidores retendrían 350.000 millones de dólares extra al año. Chalom espera que ambas magnitudes sigan creciendo hasta 2035, cuando la cifra en disputa subiría a 4 billones de dólares anuales y el ahorro para los usuarios alcanzaría 1,4 billones.
El dinero quieto en las cuentas explica por qué esta batalla importa
Hay un ejemplo doméstico que vuelve tangible esa proyección. Chalom recuerda que los hogares de Estados Unidos guardan unos 15 billones de dólares en cuentas corrientes, de ahorro y depósitos a corto plazo, y que una parte relevante de ese dinero rinde muy por debajo de las tasas del mercado monetario.
Según su cálculo, ese desfase cuesta a los ahorradores al menos 180.000 millones de dólares al año. Dicho de otra forma, el problema no está solo en las grandes operaciones financieras, también en el efectivo dormido que millones de personas dejan aparcado en productos poco rentables.
La carrera ya enfrenta a redes de pago, fintech y plataformas cripto
Chalom sostiene que la competencia por controlar esos agentes ya ha comenzado. En esa pugna sitúa a Visa, Mastercard, Stripe, PayPal, Circle, Tether, Robinhood, Coinbase y Binance, porque quien gane no solo procesará pagos, también influirá en qué productos recomiendan los agentes y a dónde acaba el efectivo no utilizado.
Esa segunda parte resulta menos visible y quizá más delicada. Si un agente decide por defecto qué instrumento conviene, qué cuenta ofrece mejor rendimiento o qué vía reduce más la comisión, el poder deja de estar solo en la interfaz y pasa al sistema que organiza la decisión.
Ahí aparece un debate que ya asoma en pagos iniciados por agentes, donde la automatización no se limita a sugerir una compra y empieza a ejecutarla.
BlackRock vincula esos pagos a stablecoins y liquidez en cadena
El informe de investigación publicado por BlackRock esta semana empuja en una dirección parecida y coloca a las stablecoins como la opción principal para los pagos de los agentes. Chalom va un paso más allá cuando afirma que la mayoría de esas transacciones ocurrirá allí donde se concentran las stablecoins, los activos tokenizados y la liquidez DeFi.
Hoy buena parte de esa actividad gira alrededor del ecosistema Ethereum. Para sostener esa idea, Chalom señala que la red marcó en abril un récord de 3,6 millones de transacciones diarias, una cifra que usa como prueba de su creciente utilización.
Sharplink tenía 891.714 ETH el 14 de septiembre.
Ese dato no resuelve por sí solo quién dominará la próxima capa financiera de la IA, pero sí muestra hasta qué punto la discusión mezcla intereses de infraestructura, pagos y criptoactivos. En paralelo, ya han aparecido pagos programables con stablecoins como pieza central de esa economía automática.
El modelo promete abaratar el sistema, pero no todos creen que quede abierto
La hipótesis de Chalom parte de una idea sencilla y ambiciosa a la vez. Si los agentes comparan precios, mueven efectivo y eligen producto con menos fricción que una persona, los proveedores financieros tendrán menos margen para sostener comisiones altas o remuneraciones bajas en depósitos y cuentas básicas.
Max Wadington, analista sénior de Fidelity Digital Assets, introdujo en agosto una advertencia que cambia el ángulo del debate. Wadington avisó de que sistemas cerrados gestionados por empresas tecnológicas y fintech podrían absorber la actividad de los agentes, de modo que la supuesta competencia abierta termine concentrándose en unos pocos jardines vallados.
La promesa de ahorrar 1,4 billones de dólares al año convive así con otra pregunta más incómoda. Si el mismo actor decide qué producto recomienda el agente y dónde aparca el efectivo sobrante, la comisión puede bajar, pero el control del dinero cambia de manos.