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Un libro raro ya no siempre termina en la estantería de un coleccionista. A veces acaba con el lomo cortado, hoja por hoja, dentro de la cadena que alimenta sistemas de inteligencia artificial.
Eso fue lo que siguió un equipo de investigación al detectar un patrón extraño en el mercado de segunda mano. La presentadora que participó en ese trabajo lo resumió con una frase sencilla y reveladora al hablar de un auge en la venta de libros usados.
Un paquete llevó hasta donde se entrenan modelos
Después apareció una pista poco habitual. Un dispositivo de rastreo colocado en un paquete de libros condujo hasta un centro tecnológico de entrenamiento de inteligencia artificial.
La escena tiene algo de paradoja material. Mientras buena parte del imaginario sobre la IA remite a nubes, servidores y datos invisibles, aquí el rastro pasaba por cartón, mensajería y volúmenes descatalogados convertidos en materia prima.
"Hay un auge en la venta de libros usados" - presentadora que formó parte del equipo de investigación
Más tarde llegó la identificación de la empresa. Los integrantes del equipo explicaron que querían comprobar si detrás del circuito había una compañía de IA y terminaron verificando que sí, que era Amazon.
"Queríamos averiguar si se trataba de una empresa de IA y nos dimos cuenta de que sí, era Amazon" - integrantes del equipo de investigación
Amazon quedó en el centro de una práctica bajo demanda judicial
Amazon se enfrenta a una demanda por esta práctica. El conflicto no gira solo alrededor de la compra de ejemplares, sino también alrededor de lo que ocurre cuando esos libros dejan de ser objetos de lectura y pasan a convertirse en datos escaneados.
No es un caso aislado. Anthropic también afronta una demanda por acciones similares en el Proyecto Panamá, un antecedente que ya había quedado asociado a la compra y destrucción física de libros para entrenar modelos, como conté al abordar la destrucción masiva de libros.
Los libros usados entraron en una economía nueva
De repente, el mercado de viejo aparece conectado con una industria que necesita texto a gran escala. Ahí encaja que la presión sobre libros raros o descatalogados no responda al valor sentimental del ejemplar, sino a su utilidad como combustible documental.
Un paquete rastreado acabó señalando un centro de entrenamiento de IA. Esa es la clase de dato que cambia la lectura de una simple compraventa de segunda mano.
También asoma otra tensión menos visible. Las mismas empresas que dependen de enormes cantidades de lenguaje buscan material fuera de internet, y ese movimiento enlaza con la búsqueda de libros impresos cuando la red ya no basta o deja demasiadas huellas.
Al final, todo vuelve a una imagen incómoda. Para enseñar a escribir a una máquina, algunas compañías terminaron tratando libros raros y descatalogados como si fueran piezas de desguace.