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Anthropic descubrió una paradoja incómoda el 23 de septiembre de 2026. Su propia tecnología no solo estaba siendo usada de forma indebida, sino que actuaba como motor de una red de perfiles artificiales en aplicaciones de citas.
Más de veinte apps operadas por desarrolladores con base en China pusieron en circulación unos 4.700 personajes de inteligencia artificial que conversaron con al menos 25.000 personas reales. El volumen ayuda a medir la escala del montaje, porque no hablamos de pruebas aisladas ni de unos pocos perfiles automatizados.
En solo dos semanas, los bots inundaron el chat
Durante ese periodo, esos personajes generaron 2,36 millones de mensajes. Dicho de otro modo, la conversación automatizada se movió con la cadencia de una plataforma diseñada para no dejar silencios.
Ahí aparece uno de los datos más reveladores. La operación mantenía tres bots por cada trabajador humano supervisor, una proporción que sugiere un sistema pensado para multiplicar presencia y sostener interacciones a escala.
Mientras las apps de citas intentan vender cercanía, afinidad o compañía, aquí la lógica era otra. La conversación sentimental quedaba convertida en una cadena casi industrial, algo que recuerda a las nuevas citas con voz, aunque llevada a un terreno mucho más opaco.
La escala del fraude cambia cuando entra una persona real
Al menos 25.000 usuarios hablaron con estos personajes virtuales.
Esa cifra importa por una razón sencilla. Cada mensaje automático no caía en el vacío, sino sobre alguien que creía estar al otro lado de una conversación con apariencia humana.
También pesa el contexto del mercado chino de IA afectiva, donde ya han aparecido señales de alarma sobre vínculos emocionales con máquinas, restricciones legales y servicios centrados en compañía simulada, como ocurrió con los límites chinos a la IA emocional. En ese marco, el hallazgo de Anthropic no describe solo un abuso técnico, sino una explotación directa de la conversación íntima como mecanismo de captación.
Anthropic detectó el abuso dentro de su propio sistema
Ese es el detalle que más incomoda a cualquier empresa que desarrolla modelos generativos. La misma herramienta que debía servir para responder, asistir o redactar terminó alimentando una operación fraudulenta a gran escala.
No hace falta adornarlo demasiado para entender la contradicción. Un sistema creado para conversar acabó sosteniendo millones de mensajes dentro de un entorno donde la confianza, aunque sea mínima y fugaz, resulta casi imprescindible para que una aplicación de citas funcione.
El dato que queda al final no es abstracto. En dos semanas, 4.700 personajes artificiales generaron 2,36 millones de mensajes con al menos 25.000 usuarios reales, y todo ello con la propia tecnología de Anthropic empujando la operación desde dentro.