Anthropic reserva un 5% de sus acciones para un fondo social si su salida a bolsa roza los 2 billones

Anthropic propone destinar el 5% de su capital a un Fondo de Beneficio Público y calcula que, con compromisos internos, hasta el 20% de sus acciones acabaría en beneficio social.

20 de octubre de 2026 a las 17:01h
Anthropic reserva un 5% de sus acciones para un fondo social si su salida a bolsa roza los 2 billones
Anthropic reserva un 5% de sus acciones para un fondo social si su salida a bolsa roza los 2 billones

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Anthropic ha decidido ligar una parte de su riqueza a una pregunta incómoda que la propia industria lleva meses esquivando. Si la inteligencia artificial dispara el valor de unas pocas compañías y al mismo tiempo presiona el empleo de millones de personas, ¿quién se queda con esa diferencia?

La respuesta que ha puesto sobre la mesa pasa por reservar un 5% de sus acciones para un Fondo de Beneficio Público, aunque la medida todavía depende de la aprobación de los accionistas.

La empresa quiere convertir parte del capital en un cortafuegos social

Anthropic no plantea una donación puntual, sino una estructura estable. El fondo adoptará la forma de una compañía de responsabilidad limitada y no podrá destinar dinero ni a lobbys económicos ni a donaciones políticas.

Además, el consejo de administración podrá añadir otro 2% cada vez que la valoración de la empresa suba un 50% sobre la capitalización base estimada para su próxima salida a bolsa. Si esa salida llega cerca de 2 billones, ese 5% inicial rondaría un valor de 100.000 millones de dólares.

La cifra crece todavía más si se suman los compromisos asumidos por cofundadores y empleados.

Anthropic calcula que cerca del 20% de sus acciones acabaría en beneficio público, una proporción poco habitual en un sector donde el capital suele concentrarse en fundadores, ejecutivos e inversores. En su comunicado, la empresa defendió el giro con una comparación directa con las retribuciones habituales de Silicon Valley.

"Es práctica común que las empresas tecnológicas ofrezcan incentivos salariales crecientes a sus ejecutivos. Nosotros, en cambio, destinamos ese capital al beneficio público". - Anthropic

Detrás del gesto hay también una admisión bastante explícita sobre el coste social de la automatización. La compañía ha vinculado esta decisión a la necesidad de atenuar los efectos de la inteligencia artificial sobre el mercado laboral.

"La IA puede generar un enorme valor económico, pero también podría provocar inestabilidad en muchos trabajadores". - Anthropic

El empleo aparece en el centro del debate

Fuera de la empresa, la inquietud tampoco es abstracta. El Fondo Monetario Internacional calcula que casi el 40% de los empleos del mundo está expuesto al impacto de la inteligencia artificial.

Dario Amodei, fundador de Anthropic, ha ido más lejos al advertir que la inteligencia artificial podría eliminar la mitad de los empleos de oficina de nivel inicial en menos de cinco años. En paralelo, la compañía ha reservado 200 millones de dólares para estudiar el problema económico de la automatización y admite que podrían hacer falta enfoques más audaces.

Esa mezcla de prosperidad potencial y temor laboral ya había aparecido en el riesgo para el empleo joven, donde el foco estaba en los puestos de entrada. Aquí la novedad no es la alarma, sino el intento de poner acciones a trabajar como colchón institucional.

El control del dinero importa tanto como el dinero mismo

No será la dirección de Anthropic quien gestione ese capital sin contrapesos. Un fideicomiso interno administrará los fondos y actuará como barrera entre los intereses de los accionistas y los de la sociedad.

Su margen de maniobra es amplio. Puede nombrar y destituir sin causa a cuatro de los siete consejeros de Anthropic, y la empresa debe avisarle con cinco días de antelación antes de vender la mitad de la compañía o emitir deuda fuera de lo habitual, con capacidad de veto incluida.

Ben Bernanke forma parte de ese fideicomiso y no posee intereses económicos ni acciones en Anthropic.

La arquitectura de control responde a una tensión conocida en el derecho corporativo. Jens Dammann, profesor de derecho de la Universidad de Texas, lo resumió con una crítica directa al modo en que operan los incentivos empresariales.

"Los directores son elegidos por los accionistas, y estos se benefician económicamente si la corporación se desvía de su misión y se centra en la maximización de beneficios". - Jens Dammann, profesor de derecho de la Universidad de Texas

Ann Lipton, profesora de derecho de la Universidad de Colorado, añade otro ángulo. A su juicio, los futuros accionistas que entren tras la salida a bolsa tendrán muy pocos derechos de gobernanza.

Musk respondió con una promesa todavía más difícil de encajar

La propuesta de Anthropic no tardó en recibir una réplica desde fuera. Elon Musk escribió en X que recomienda entregar las acciones directamente al público y aseguró que eso es lo que hará él mismo.

"Recomiendo entregar las acciones directamente al público. Eso es lo que haré". - Elon Musk

Después añadió una promesa todavía más concreta. Dijo que el año que viene dará una de sus acciones de SpaceX a cada niño de Estados Unidos y que esa será la primera de muchas.

"El año que viene, le daré una de mis acciones de SpaceX a cada niño de Estados Unidos. Esta será la primera de muchas". - Elon Musk

Sobre el papel, la idea suena simple y casi doméstica, como si bastara con repartir participaciones del mismo modo que se reparte una beca. Pero Estados Unidos tiene 72 millones de menores de 18 años y las acciones de SpaceX rondan los 146 dólares, así que el coste de ese anuncio se situaría en unos 10.500 millones de dólares.

La comparación deja una imagen difícil de ignorar. Mientras Musk habla de un reparto individual con una factura multimillonaria, Anthropic diseña un mecanismo corporativo que, si su valoración roza 2 billones, colocaría unos 100.000 millones de dólares en un vehículo pensado para amortiguar el golpe laboral de la propia inteligencia artificial.

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