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OpenAI ha pasado de vender modelos a imaginar objetos, y ese giro ha acabado en los tribunales. Tras comprar por 6.500 millones el estudio io, fundado por Jony Ive, la compañía aparece ahora en el centro de una demanda de Apple que mezcla fichajes, prototipos y secretos industriales.
El choque no nace de una idea abstracta sobre la competencia. Apple, dirigida por Tim Cook, presentó la demanda el pasado viernes y acusa a OpenAI de ejecutar un saqueo sistemático de su propiedad intelectual para levantar su división de hardware.
En el núcleo del conflicto está Tang Tan, exvicepresidente de Apple y actual jefe de hardware en OpenAI.
Apple lleva la pelea por el diseño hasta los proveedores
La denuncia describe una operación que iba mucho más allá de contratar ingenieros. Apple sostiene que OpenAI usó entrevistas de trabajo con empleados en activo para extraer información y que llegó a animarles a llevar componentes físicos, planos y prototipos confidenciales.
La acusación también señala a Chang Liu, antiguo ingeniero de diseño sénior de Apple, por trasladarse a OpenAI con un ordenador portátil corporativo que contenía secretos comerciales. En paralelo, los abogados de Apple afirman que la presión alcanzó a fabricantes asiáticos para aplicar una técnica de acabado metálico patentada por Cupertino como si existiera una autorización expresa.
"Están podridos hasta la médula" - Tim Cook, consejero delegado de Apple
La dureza verbal acompaña una petición muy concreta ante el juez. Apple reclama medidas cautelares para obligar a OpenAI a destruir material de diseño sospechoso y a rehacer desde cero la ingeniería de los aparatos afectados.
OpenAI ya dibuja una familia de aparatos sin pantalla
Mientras avanza ese frente judicial, la primera filtración del primer producto de OpenAI deja ver un objeto doméstico y portátil, de diseño minimalista, sin pantalla y con partes mecánicas que rotan y se inclinan. El sistema seguiría la mirada del usuario mediante cámara y sensores, funcionaría con batería recargable y se apoyaría en GPT Live.
La idea encaja con una corriente que lleva tiempo buscando sacar la inteligencia artificial de la pantalla tradicional, como ya sugerían dispositivos sin pantallas pensados para convivir con la voz, la cámara y el entorno inmediato.
Además, OpenAI maneja otro proyecto interno con nombre de flor y nombre de registro comercial. Los auriculares inteligentes Sweetpea, registrados como Dime, montarían un procesador Exynos de Samsung fabricado en dos nanómetros.
El chip propio también entra en escena mientras crece el catálogo
No se trata solo de vestir de diseño un asistente conversacional. OpenAI colabora con Broadcom para crear su propio procesador de inteligencia artificial, Titan, que TSMC fabricará con tecnología de tres nanómetros.
Ese movimiento apunta a una integración más profunda entre software, silicio y aparato final, una lógica muy parecida a la que durante años dio ventaja a los grandes fabricantes de electrónica. En esa misma hoja de productos aparecen gafas inteligentes, grabadoras de voz de bolsillo y hasta un teléfono móvil de masas ensamblado por Luxshare, una línea que recuerda otros intentos de repensar el móvil con IA propia.
El primer dispositivo podría presentarse este año y llegar al mercado el próximo.
OpenAI niega las acusaciones y afirma que confía en la libre competencia para que los ingenieros trabajen donde decidan. Pero la disputa ya no gira solo alrededor de quién contrata a quién, sino de si un aparato sin pantalla, con piezas que siguen la mirada del usuario y una ingeniería todavía bajo sospecha puede nacer al margen de los secretos que Apple dice reconocer como propios.