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Apple ha llevado a OpenAI a los tribunales con una demanda de 40 páginas por presunto robo de secretos comerciales de hardware e incumplimiento de contrato.
La acusación apunta al corazón menos visible de la actual carrera por la inteligencia artificial, porque no gira sobre modelos ni datos, sino sobre el conocimiento técnico que convierte una idea en un dispositivo. Apple sostiene que la salida de talento hacia OpenAI ya alcanza 400 trabajadores en el último año.
Apple sitúa la fuga de empleados en el centro del conflicto
Entre los nombres que aparecen en la demanda está Chang Liu, que trabajó ocho años en Apple como ingeniero senior de sistemas eléctricos y se incorporó a OpenAI en enero de 2026. La compañía le atribuye el acceso a información confidencial después de su fichaje y la descarga de más de mil páginas de archivos técnicos con especificaciones y presentaciones de ingeniería sobre productos no anunciados.
Hay un detalle que da al caso un tono casi doméstico y a la vez inquietante, porque Liu envió a una excompañera un correo con una frase difícil de ignorar. Escribió que había descubierto acceso a la red de almacenamiento y que aquello le parecía divertido.
"LOL, he descubierto que tengo acceso a la red de almacenamiento, qué divertido" - Chang Liu, exingeniero senior de sistemas eléctricos de Apple
Apple también dirige una parte central de su ofensiva contra Tang Tan, actual director de hardware de OpenAI. Antes de ese cargo, Tan pasó 24 años en Apple como vicepresidente de diseño de producto de iPhone y Apple Watch.
Tang Tan aparece ligado a nombres en clave y métodos de evasión
La demanda le acusa de usar nombres en clave confidenciales de Apple en procesos de contratación de OpenAI y de aconsejar a empleados sobre cómo esquivar procedimientos de seguridad. No es un perfil menor, porque Tan fundó io Products junto a Jony Ive en 2024 y OpenAI compró esa empresa por 6.500 millones de dólares en 2025, un movimiento que ya había anticipado la pugna por el hardware sin pantallas.
Jony Ive, sin embargo, no figura como acusado.
Ese matiz importa porque delimita el objetivo judicial de Apple. La empresa no dispara contra todo el ecosistema que rodea a OpenAI, sino contra personas concretas, conductas concretas y un flujo de información que considera propio.
OpenAI niega interés por los secretos de otras compañías
Drew Pusateri, portavoz de OpenAI, respondió en nombre de la compañía.
"No nos interesan los secretos comerciales de otras empresas. Seguimos centrados en desarrollar tecnología innovadora que empodere a las personas en todo el mundo" - Drew Pusateri, portavoz de OpenAI
La respuesta pública llegó después de que Apple enviara una carta en febrero para expresar sus preocupaciones sin obtener contestación. Ahora pide al tribunal que prohíba a OpenAI retener, explotar o distribuir sus secretos comerciales, que obligue a devolver la propiedad intelectual y que aplique medidas cautelares e indemnizaciones.
No es una disputa aislada.
OpenAI arrastra desde 2023 otro frente judicial con The New York Times por el uso de artículos para entrenar modelos de inteligencia artificial, de modo que este nuevo choque amplía una presión legal que ya no afecta solo al contenido, sino también al conocimiento industrial. Esa combinación entre litigios por textos y litigios por hardware empieza a dibujar un mapa más áspero de la IA, parecido al de otras industrias maduras donde el talento cambia de empresa, pero no debería llevarse la caja fuerte en la memoria ni en un archivo descargado. Las demandas por entrenamiento ya habían mostrado esa tensión en otro terreno.
La frase más dura de Apple retrata un conflicto más profundo
En la demanda, Apple formula su acusación con una contundencia poco habitual y afirma que una cosa está clara, que en todos los niveles, desde miembros del personal técnico hasta su director de hardware, y en coordinación con socios comerciales, OpenAI ha estado robando secretos comerciales e información confidencial de Apple. Cuando una empresa redacta así una denuncia, ya no habla solo de un incidente, sino de un patrón que cree extendido.
Al final, la escena más reveladora no está en los 6.500 millones de dólares de io Products ni en los 400 empleados que Apple dice haber perdido, sino en más de mil páginas de especificaciones sobre productos no anunciados. Ahí es donde la batalla deja de ser abstracta y vuelve a su forma más antigua, quién sabe qué, quién puede usarlo y cuánto vale guardarlo en silencio.