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La alianza que Apple presentó hace apenas unos meses con OpenAI para llevar su asistente a Siri convive ahora con una acusación mucho más áspera.
La compañía de Cupertino demandó el viernes a OpenAI y a Tang Tan en el tribunal de distrito Norte de California por robo de secretos comerciales y por una campaña para captar información sobre productos aún no lanzados.
Apple llevó a los tribunales una pelea que ya venía del laboratorio
La demanda tiene 40 páginas y dibuja un conflicto que va más allá de una disputa entre rivales. Apple sostiene que OpenAI pidió a exempleados y candidatos datos sobre dispositivos no presentados y que incluso les indicó cómo eludir procedimientos de seguridad internos.
Tang Tan aparece en el centro del caso. El antiguo ejecutivo de Apple lidera hoy el proyecto de nuevos dispositivos de OpenAI y la demanda le atribuye el envío de información sobre proveedores, además de peticiones a candidatos para que acudieran a entrevistas con piezas reales de prototipos.
OpenAI no llega a esta carrera desde cero, porque su proyecto de hardware con Jony Ive ya colocó a la empresa en el terreno donde Apple lleva años moviéndose con ventaja. Antes de aterrizar en OpenAI, Tang Tan había fichado por ioProducts, la firma fundada por Jon Ive que después fue comprada para encabezar esa división de aparatos.
OpenAI ha contratado a más de 400 antiguos trabajadores de Apple, una cifra que explica por qué la empresa ha tenido que ofrecer bonificaciones de retención para frenar la salida de talento.
La batalla estalla justo cuando ambos quieren mandar en la IA de bolsillo
En 2024, Apple firmó un acuerdo para integrar el asistente de OpenAI en Siri, y en junio añadió además la integración de Gemini de Google en sus nuevos dispositivos. La escena resulta llamativa porque la misma empresa que abre la puerta a modelos externos en su ecosistema acusa ahora a uno de esos socios de intentar atajar por la vía del secreto industrial.
Mientras tanto, Apple trabaja en nuevas gafas, un colgante y otros dispositivos domésticos integrados con inteligencia artificial. Al mismo tiempo, OpenAI prevé anunciar en otoño un teléfono o dispositivo móvil con la vista puesta en lanzar en 2027 una familia completa de aparatos que integren ChatGPT.
También hay una pugna por el control del asistente cotidiano, algo que ya asomaba en la presión sobre Siri y Gemini. No se discute solo quién fabrica el aparato, sino quién decide qué modelo escucha, responde y media entre el usuario y su propia vida digital.
El relevo en Apple añade presión a una acusación de alto voltaje
Tim Cook dejará su puesto en septiembre y John Ternus asumirá el relevo. No es un detalle menor cuando la demanda gira en torno a productos todavía no presentados y a un momento en que la empresa intenta blindar su siguiente generación de hardware.
Apple llegó a incluir en la demanda una frase de enorme dureza contra su rival. La compañía afirma que el negocio de hardware de OpenAI se sostiene sobre cimientos inestables y depende de secretos comerciales apropiados de forma indebida.
OpenAI respondió con un comunicado. La empresa asegura que no tiene ningún interés en los secretos comerciales de otras compañías.
Ese desmentido convive con otra investigación interna mencionada en la demanda. Cheng Liu, responsable del equipo técnico de OpenAI, está bajo examen por abandonar Apple con un ordenador de la empresa y por descargar docenas de archivos confidenciales de hardware.
La querella llega cuando OpenAI busca convencer a Wall Street
La demanda aparece en un momento delicado porque OpenAI está inmersa en una salida a bolsa prevista para este otoño con la que espera recaudar alrededor de 100.000 millones de dólares. Justo ahí, una causa sobre secretos comerciales deja de ser solo un problema jurídico y pasa a convertirse en una pregunta incómoda para inversores, socios y reguladores.
La compañía además llegaría al parqué por detrás del debut bursátil de SpaceX, ocurrido un mes antes. En ese cruce entre calendario financiero, fichajes masivos y dispositivos aún no anunciados, la batalla no termina en una pantalla ni en un prototipo, sino en algo más básico, quién se llevó qué del laboratorio cuando todavía nadie podía verlo.