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Europa ya no quiere que la inteligencia artificial pase desapercibida.
Desde el pasado domingo, el reglamento europeo obliga a avisar cuando una persona interactúa con un sistema de IA o cuando un contenido ha sido elaborado o manipulado con esta tecnología. La medida alcanza a los proveedores de esos sistemas y también a las empresas que los ponen delante del usuario.
Bruselas exige que la máquina se identifique
No afecta solo a los chatbots más conocidos. OpenAI con ChatGPT, Anthropic con Claude y Google con Gemini tendrán que diseñar sus servicios para informar de forma clara, y la misma lógica se aplicará a generadores de imágenes, herramientas de síntesis de voz y otros sistemas de creación de contenido.
La Comisión Europea publicó en julio unas directrices para facilitar la aplicación de estas medidas, que forman parte de una ley aprobada en 2023. Su despliegue no llegó de golpe, sino de forma progresiva desde febrero de 2025.
Henna Virkkunen, vicepresidenta de la Comisión Europea para la Soberanía Tecnológica, sitúa ahí el sentido político de la norma.
"Estas reglas buscan garantizar que los ciudadanos sepan cuándo interactúan con una IA" - Henna Virkkunen, vicepresidenta de la Comisión Europea para la Soberanía Tecnológica
Detrás de esa frase hay una idea muy simple y muy práctica. Si una voz responde, si una imagen conmueve o si un texto informa, el usuario debe poder distinguir si hay una máquina al otro lado o si ese material ha pasado por manos humanas.
La obligación también alcanza a los deepfakes
Además del aviso visible para las personas, los proveedores deberán incorporar marcas legibles por máquinas. Esas señales permitirán que otros sistemas detecten si un contenido fue generado o manipulado con inteligencia artificial.
La norma también impone avisos cuando se difundan contenidos deep fake o cuando se publiquen textos generados por IA sobre asuntos de interés público sin revisión humana ni control editorial. En ese terreno, la exigencia no se queda en la etiqueta técnica y entra de lleno en cómo circula la información en la vida cotidiana.
Ya había pistas de ese giro en las nuevas reglas sobre deepfakes, donde Bruselas afinó el alcance de estas obligaciones.
La Comisión, de hecho, ha previsto excepciones para correcciones ortográficas. No todo retoque activa la misma alarma, y esa diferencia intenta evitar que una revisión menor reciba el mismo trato que una manipulación capaz de falsear una escena, una voz o un mensaje público.
El reglamento veta usos biométricos que ya habían cruzado una línea
Junto a las obligaciones de transparencia, la normativa prohíbe la extracción masiva de imágenes faciales y el reconocimiento de emociones en el entorno laboral. También obliga a empresas, administraciones y organizaciones a informar a los usuarios cuando utilicen sistemas de reconocimiento de emociones o de categorización biométrica.
No es un detalle menor. Medir estados de ánimo en el trabajo o clasificar rasgos biométricos convierte gestos, rostros y reacciones en datos sensibles, una frontera que Europa ya había marcado en la prohibición del escaneo emocional en oficinas y entornos laborales.
Desde agosto de 2025, además, las plataformas de IA generativa deberán respetar los derechos de autor.
Las multas llegan hasta 15 millones de euros
Quien incumpla no afronta solo una reprimenda simbólica. Las infracciones podrán castigarse con multas de hasta 15 millones de euros o el 3% de la facturación anual mundial de la empresa.
A partir del próximo 2 de diciembre empezará a aplicarse otra de las prohibiciones más delicadas. La ley veta los sistemas que generan contenido sexualmente explícito o íntimamente explícito sin consentimiento, así como el contenido de abuso sexual infantil.
Ese veto alcanzará la comercialización en la Unión Europea de sistemas concebidos para crear ese material, su venta sin medidas de seguridad para impedirlo y el uso de esas herramientas con ese fin. La decisión no surgió en el vacío, porque llegó después de la polémica desatada entre finales de diciembre y enero en la red social X, donde se viralizaron miles de imágenes sexualizadas de mujeres reales manipuladas con IA.
La contradicción queda expuesta en una sola secuencia de fechas. Europa activó primero la obligación de avisar y deja para el 2 de diciembre la prohibición de algunos de los usos más dañinos, después de que miles de imágenes ya hubieran circulado por X.