Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
La inteligencia artificial ya está en clase, pero Cambridge pone el foco en un problema menos visible que la pantalla. El desfase no está solo en las herramientas, sino en la forma desigual en que cada docente ha tenido que aprender a convivir con ellas.
Este jueves se difundió el informe Configuración de las políticas y prácticas de IA en la enseñanza del inglés, elaborado por la Universidad de Cambridge. El documento recoge la experiencia de 15 docentes de 13 sistemas educativos, entre ellos España y México, y a partir de ahí propone ocho pautas para integrar esta tecnología en los centros.
Cambridge pide que el alumnado aprenda a desconfiar de la máquina
Una de las recomendaciones centrales pasa por llevar la alfabetización crítica en inteligencia artificial al currículo.
La idea no consiste solo en enseñar a usar una herramienta, sino en enseñar a discutirla. El informe plantea que los alumnos aprendan a detectar sesgos e imprecisiones, algo cada vez más cercano a la lectura crítica de un texto que al simple manejo de una aplicación.
Esa preocupación conecta con el uso diario de chatbots en las aulas, donde la diferencia empieza a estar menos en acceder a la tecnología que en saber cuándo ayuda y cuándo sustituye el esfuerzo propio.
"Los profesores han tenido que adaptarse ante los rápidos cambios y eso ha generado brechas de conocimiento y un enfoque desigual en la adopción de la IA" - Evelina Galaczi, directora de Investigación de Inglés de la Universidad de Cambridge
Galaczi sitúa así el debate en un terreno muy concreto. No basta con que la herramienta exista, porque una misma aula puede reunir alumnos familiarizados con estas plataformas y docentes que todavía intentan fijar reglas básicas de uso.
Evaluar ya no puede limitarse al resultado final
Otro de los giros del informe afecta a los exámenes y a la manera de corregir.
Cambridge aconseja revisar los sistemas de evaluación para valorar no solo la respuesta final, sino también el proceso que sigue el alumno para llegar a ella. En la práctica, eso obliga a observar cómo interpreta las respuestas de la tecnología, qué corrige y qué acepta sin filtro.
Ahí aparece una tensión conocida en el debate sobre evaluación, porque vigilar el resultado ya no siempre revela quién pensó, quién comprobó y quién delegó.
Luisa Geão, directora de Marketing para España, Italia y Europa Occidental, enmarca el reto en una combinación más exigente. Para ella, la cuestión no pasa simplemente por añadir más tecnología, sino por mezclarla "de forma inteligente con la experiencia y el conocimiento pedagógico de los docentes".
Ricardo Morales, gerente de Desarrollo Profesional Docente para México, Centroamérica y el Caribe, empuja esa misma discusión hacia la igualdad. Morales pide establecer criterios unificados e impulsar una visión equitativa de la inteligencia artificial en el aula para favorecer la igualdad de oportunidades.
El informe nace de 15 docentes en 13 sistemas educativos, una escala modesta pero suficiente para dejar al descubierto una misma grieta. Mientras la inteligencia artificial entra en clase con velocidad desigual, la evaluación y la formación del profesorado siguen siendo el lugar donde esa diferencia más pesa.