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Casi la mitad de la población en España ya ha consultado alguna vez una inteligencia artificial para resolver dudas de salud.
Ese dato ayuda a entender por qué una investigación publicada en la revista Emotion ha puesto el foco en algo muy concreto, el apoyo emocional que ofrecen los chatbots en momentos cotidianos de ira, miedo o tristeza. El trabajo, liderado por la Universidad de Manchester y la Universidad de Durham, reunió cinco estudios con 1.233 participantes.
Los chatbots igualaron el consuelo humano en pruebas cotidianas
Allí compararon mensajes de apoyo escritos por personas con respuestas de ChatGPT-4o, Claude 3.5 Sonnet y Gemini 1.5 Pro ante situaciones de fuerte carga emocional pero alejadas del ámbito clínico.
El resultado fue menos intuitivo de lo que muchos esperarían. Los chatbots igualaron la eficacia del apoyo humano y la superaron en algunas emociones, mientras ChatGPT fue el sistema cuya manera de responder más se pareció a la de las personas.
En la ira y el miedo, los participantes percibieron las respuestas de inteligencia artificial como más reconfortantes. En la tristeza, en cambio, humanos e IA quedaron prácticamente empatados.
La doctora Belén López-Pérez, profesora de Psicología de la Universidad de Manchester y coautora del estudio, sitúa el hallazgo en el terreno del estilo más que en el de la identidad del emisor.
"La eficacia del apoyo emocional depende menos de quién lo proporciona y más de cómo se ofrece" - Belén López-Pérez, profesora de Psicología de la Universidad de Manchester
No gana quien suena más cercano, sino quien acierta con la ayuda concreta. Esa lógica conecta con otros indicios recientes sobre uso adolescente para salud mental, donde la disponibilidad inmediata pesa tanto como el contenido de la respuesta.
La validación sola no bastó cuando faltó ayuda práctica
El estudio determinó que validar la emoción tiene un efecto limitado y que la diferencia real aparece cuando la respuesta ofrece una salida práctica. Respirar de otra manera, reorganizar un pensamiento o proponer un paso sencillo puede ayudar más que una frase compasiva sin dirección.
Belén López-Pérez lo resumió con otra idea muy concreta.
"Es un ingrediente clave para un apoyo eficaz, ya sea que provenga de un persona o de un chatbot" - Belén López-Pérez, profesora de Psicología de la Universidad de Manchester
Esa observación encaja con una escena muy reconocible del día a día. Cuando alguien está bloqueado por el miedo o atrapado en la rabia, una sugerencia usable en ese mismo instante puede resultar más útil que una validación impecable pero abstracta.
La comparación tuvo un límite claro fuera de la consulta clínica
Ahora bien, la investigación no estudió trastornos mentales ni contextos clínicos. Lo que midió fueron situaciones emocionales habituales, esas que caben en una conversación corriente y no en una intervención terapéutica.
Yuhui Chen marcó esa frontera de forma explícita antes de que nadie confundiera utilidad con sustitución.
"No estamos diciendo que los humanos deban o puedan ser reemplazados por la IA" - Yuhui Chen, investigadora
Sarah Walker, profesora de la Universidad de Durham, recordó además una diferencia elemental que ningún modelo puede salvar. Un amigo o un familiar puede estar al lado, acompañar físicamente y sostener una presencia que una máquina no tiene, por muy afinada que sea su respuesta escrita.
Por eso la conclusión de los investigadores no gira en torno al reemplazo, sino al uso. La IA puede servir como apoyo cotidiano, igual que ya ocurre en jóvenes que confían secretos a un chatbot, pero no debe sustituir la atención psicológica profesional cuando el malestar persiste o el problema pertenece al terreno de la salud mental.
Ahí está la tensión central del estudio, porque una máquina puede consolar en la pantalla con una eficacia comparable a la humana y aun así no puede sentarse a tu lado cuando el problema sale del lenguaje y entra en la vida.