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La abogacía ya conoce una paradoja incómoda. La inteligencia artificial redacta con soltura y tono convincente, pero esa apariencia puede esconder errores que en un escrito judicial no son un detalle, sino un problema de fondo.
Por eso el Consello Galego da Avogacía ha puesto en marcha un programa formativo junto a consejos de la abogacía de otras comunidades autónomas para abordar los límites éticos y jurídicos de estas herramientas. En esa formación aparecen nombres ya cotidianos en muchos despachos, como ChatGPT, Gemini y Claude.
Aramburu advierte que escribir bien no basta
Sergio Aramburu, director del programa formativo y abogado, sitúa el riesgo en un terreno muy reconocible para cualquier profesional que trabaje con textos y referencias.
"La inteligencia artificial escribe muy bien y genera una apariencia de perfección, pero comete errores continuamente". - Sergio Aramburu, director del programa formativo y abogado
No es una cautela teórica. Ya han aparecido escritos judiciales elaborados con inteligencia artificial que incluían jurisprudencia inexistente, normas inventadas o referencias a legislaciones extranjeras.
Un escrito puede sonar impecable y, al mismo tiempo, citar sentencias que no existen. Esa es la trampa de fondo, porque en derecho la forma nunca sustituye a la comprobación.
De hecho, esa revisión ya se ha vuelto ineludible en casos de citas falsas generadas con IA, donde el problema no estaba en el estilo del texto, sino en la fiabilidad de lo que afirmaba. Cuando una herramienta localiza una resolución, el trabajo del abogado apenas empieza.
Sergio Aramburu concreta esa obligación en una regla simple.
"Si la inteligencia artificial localiza una sentencia, siempre hay que leerla y verificar que realmente existe y que resulta aplicable al caso". - Sergio Aramburu, director del programa formativo y abogado
La confidencialidad no cabe en cualquier ventana de chat
Hay otro frente menos visible que una cita falsa, pero igual de delicado. Introducir datos confidenciales de los clientes en plataformas de inteligencia artificial sin garantías puede vulnerar el secreto profesional.
Aquí la cuestión no gira solo en torno al error, sino también al destino de la información. Un nombre, un detalle médico o una estrategia procesal pueden parecer un dato más en una conversación con la máquina, aunque para un cliente formen parte del núcleo de su defensa.
Frente a ese riesgo, el programa reúne pautas concretas. Recomienda usar herramientas que garanticen la confidencialidad, anonimizar previamente la información y evitar compartir datos identificativos de los clientes.
Además, ese debate sobre el privilegio entre abogado y cliente ya ha asomado en casos sobre secreto profesional que obligan a mirar estas plataformas con menos ingenuidad. La comodidad de pegar un documento en una caja de texto puede salir cara cuando lo que está en juego no es solo tiempo, sino confidencialidad.
La supervisión humana sigue siendo la frontera real
Aramburu no plantea una enmienda total a estas herramientas. Su planteamiento va en otra dirección, porque distingue entre apoyo útil y delegación ciega.
"La inteligencia artificial puede ser una gran aliada, pero solo si se utiliza con criterio, responsabilidad y una adecuada supervisión humana". - Sergio Aramburu, director del programa formativo y abogado
Menos de 15 palabras bastan para resumir el problema. Escribir no equivale a entender.
La advertencia cobra peso precisamente porque las herramientas citadas, ChatGPT, Gemini y Claude, ya forman parte de la conversación diaria en muchos entornos profesionales. Pero un texto persuasivo con normas inventadas o con jurisprudencia inexistente deja una lección muy concreta, y nada abstracta, para cualquier despacho que quiera usarlas.